viernes, 24 de diciembre de 2010

40

El reloj en la pared reproducía las pulsaciones del tiempo. Segundo a segundo. Faltaban pocos minutos para la media noche y Él aun no terminaba de encender las últimas velas. Las noches en la gran casa de la colina pasaban frías e insospechadas, transgresoras. Era un lugar en el que el sonido de los carros se transformaba en canto de grillo, las farolas en luciérnagas, y las casas por arboles de todo tipo, tamaño y color. En ese salva no había un sólo árbol repetido.

Uriel se acercó a un Él desamparado en sus fuegos y velas; inclinado, con los ojos perdidos en las llamas tímidas que bailaban al compás del viento incansable, noctambulo. En un espacio baldío junto a la casa, nivelado con esmero y libre de yerbajos; Él, puso un número incontable de velas, grandes, chicas y tornasol, para luego encenderlas una a una en ademan ritual.

-Enciendo una vela por cada cosa valiosa que hice, aquello que recuerdo con cariño- comenzó Él, luego de terminar de encender el último velón verde y antes de que Uriel pudiese preguntar el fin de tan inusual empresa- apago otra por aquello de lo que me privé y era noble.

-Una vela por cada persona interesante que conocí, apago otra por aquellas que vi pasar y no me atreví a saludar. Por las sonrisas, las carcajadas, los atardeceres, la lluvia en la lengua y la mañana en los ojos enciendo otras. Las lágrimas innecesarias, la envidia, la ira, y la arrogancia me hacen apagar otras tantas.

Tomó una de ellas entre sus manos y un viento oportuno apagó el resto.

-Una por la esperanza de un nuevo año. De otra oportunidad para encender más velas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

37

Él y Uriel se quedaron aquella noche en la misma cabaña improvisada que recibió a la desamparada Ella, hacia ya poco más de un año. Después de escapar de aquel hospital donde sus recuerdos parecían cada vez más lóbregos, vagó por la ciudad hasta encontrar aquel lugar encantador, donde una anciana vivía de la selva y los mimos del río. La joven Ella tenía un don especial para encantar los corazones de las personas, ya fueran sus ojos oscuros que inspiraban noches claras o su sonrisa de cristal que encantaba el alma de quien la miraba desprevenido. Por lo tanto, la anciana la acogió con cariño e hizo las veces de madre por los meses que vivieron juntas...

Entrando a la casa, Él advirtió un retrato de una anciana sonriente posado en una mesita rustica cerca a unas flores de veranera.

- Las noches son frías de este lado de la ciudad - dijo Ella acariciando con las yemas de los dedos el cristal de retrato. -La pulmonía se me la llevó.

Ahora, sentados en los mullidos retasos que significarían sus camas, Él y Uriel acababan de conocerse. A ellos y a sus intenciones. Él le explicó la razón de ser de su viaje, mientras ella los observaba con unos ases de leña en la mano y una sonrisa maravillada en el rostro.



martes, 7 de diciembre de 2010

Entre números

Miénteme levemente,
que me de cuenta...
Sin que duela.
Como si siempre lo supiera.

24

Con la lengua limpio las gotas de lluvia que empañan mis labios al caminar; con la manga las de mi cara. Paso a paso me redusco, andando junto a todos, fundiendome a la masa. el cielo es gris, el sol, oculto y radiante me entrecierra los ojos que anego con alegria clavando la mirada en las nubes monocromas.
Bocanadas de humo, aliento de mañana, me golpean en el rostro por capricho del viento. Respiro, estoy vivo, paso a paso respiro. Me doy cuenta, así, que un pie tras otro me reducen... pero respiro, soy humano, miro al cielo, se anegan mis ojos y limpio entre sonrisas con la lengua las gotas de lluvia que empañan mis labios.

jueves, 2 de diciembre de 2010

(sin número).

Clavado como una estaca al mismo suelo de todas las tardes. Él, pensó en su viejo optimismo mientras luchaba por algo de sosiego. Ahora era un árbol. Ignorado.

domingo, 28 de noviembre de 2010

20

Ambos se abandonaron a sí mismos para ver el atardecer sentados en la colina. A sus ojos, el sol caía y el pueblo se encendía.

-Abuelo ¿por qué los humanos lloran?
-porque no pueden volar.

Se miraron y sonrieron.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

2


-Esta es una corta historia hecha de cortas historias, hiladas en un gran ovillo. Esté huso peculiar, de forma web y color multicromático nos sirve de interprete a todos...

Así comenzó el anciano a contar su historia a un grupo de niños y dos parejas que pasaban su tarde en el cuadrado verde de yarumos y veraneras llamado parque.

Rascándose la barbilla queriendo rememorar, comenzó la historia con voz serena y afable. Todos lo escuchaban obnubilados, muchos fijos en sus ojos casi blancos, otros en su barba larga y enmarañada.

- Esta es la historia de un número indefinido de personajes, separados entre si por números. Es esa la razón por al que todos le tienen fobia a contar y el tiempo en aquel lugar no se marca como acá...

Se detuvo para dejar que una paloma se posara en su mano.

Ya los conocerán...

martes, 23 de noviembre de 2010

(sin número)

Dos niños jugaban con una paloma muerta. Uno de ellos le pasó un palo a la niñita de rosado para que la punzara. Ambos se miraron con complicidad y rieron. La punzo, la punzo, la punzo...

La paloma seguía viva.

9

Él tomó su improvisada maleta y diciendo adiós por toda respuesta, se despidió de Érato sin dar explicaciones. Sin más certidumbre que su propia muerte, caminó... Hasta que algo lo detuviese.
Érato era una mujer joven, serena, cavilosa y peculiar. Sus risos de seda caían cándidos sobre sus delicados hombros y sus labios de rosal perfumaban con una perturbadora fragancia a verdad. Ella no sé quedaba con nada, nada en el tintero. sino era su lengua, eran sus ojos; emulos de la luna, claros y fríos, de azul glacial.
Él la miró antes de partir, ella lo miró con afán de que no lo hiciera.

(Ojos de Él): En está maleta llevo todo lo que hemos vivido.
(Ojos de Érato): Te dejas lo mejor, los mejores recuerdos, las más sutiles cartas. Todas desparramadas en la esquina perdida de está casa olvidada.
(Ojos de Él): Algo te tenía que dejar.
(Ojos de Érato): No quiero tu ausencia.
(Ojos de Él): Aprenderás a quererla como a una hermana, a contarle historias y a tolerar su presencia.

Él se dio media vuelta, libre del hechizo de sus ojos embriagadores. Dando tumbos se marchó, a buscar sus anheladas respuestas.

Ella nunca volvió a sonreír, no hasta aquel día, que por el momento, no recuerdo con claridad...

domingo, 21 de noviembre de 2010

12



Dos jóvenes, vestidos con pulcras túnicas, se miraban con complicidad escondidos tras unos arboles de olivo. La joven, de cabello cobrizo y ojos de miel, ostentaba una sonrisa graciosa, serena y amplia; tan amplia que abrazaría el mediterráneo. Él era menos agraciado. Muy alto y un poco cuadrado. Lisonjeando a su compañera se pasaba las tardes.

-Tu, mea stella est.
-Tace!- Le ordenó, sonrojándose.
- Mea dea, mea parva puella.- Insistió él, besando entusiasmado la pequeña mano de porcelana de la joven.



Mefisto se despertó. Era uno de esos sueños recurrentes que lo atormentaban con regularidad. Dejó a un lado el libro que estaba leyendo antes de caer dormido y se levantó de la hamaca, jurandose no volver a leer M. T. Cicerón antes de la siesta de medio día. "Stellae viam nautis monstrant!" aun revoloteaba en su cabeza.

sábado, 20 de noviembre de 2010

35

-¿Quién eres?- Preguntó la joven, retorciendo la camiseta enjabonada que tenía en sus manos.
-Otra vez con esa dichosa pregunta- Respondió Él con vehemencia, sentándose en una piedra cerca al rió.
-¿Y tú amigo?- Señaló Ella a Uriel, que organizaba los trebejos en su maletín unos centímetros más atrás de la discusión.
-De él sabes tanto como yo. Nos encontramos en la selva y a penas y salimos de ella en una sola pieza.
-Ociosos- Rió Ella, remojando por última vez la camiseta en la corriente.- Así que no sabes quién eres.
-Pues no. Para ser honesto no. Lo único que me diferencia de los demás es mi inalterable facultada para soñar.
-¿soñar despierto?
-Algo así.
-Que lindo.
-ummm... si tú lo dices...

Ella tendió al sol la camiseta verde olivo. Él la miraba con la vista perdida. Soñando.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

8

Por esas pequeñas cosas que pasan y no despiertan una duda, Érato, ensimismada en un libro voluminoso, dejo de sonreír. La lluvia era la misma. Las nubes, el sol, la ausencia, todo igual... pero algo había cambiado. Cerró el libro, salió a mojarse, Él la esperaba con una maleta.

(27)

viernes, 12 de noviembre de 2010

30

Una selva tupida, compuesta por helechos de todos los tamaños, juncos del grosores alucinantes, flores de colores caleidoscópicos, rocas prismáticas y aguas cristalinas parecían absorber a Uriel a cada paso de su cansada huida. Su pelo negro, empapado por la lluvia, golpeaba cadencioso su frente y por momentos cubría los ojos grises que se abrían sorprendidos ante la selva infinita. Atrapado, fugitivo, perdido y solitario, Uriel sufría el peso de su equipaje, aumentado por el de su conciencia. Había robado algo valioso a personas que no poseen más que sus creencias.

5

Apeado del bus y con un libro en la mano izquierda, Él, cruzó la avenida que separa la ciudad de su pequeño cuarto, perdido en los bajos de una vieja casa familiar. Tarareando una canción que horas después terminaría repudiando, abrió la puerta y entró su libro. Detrás, su cuerpo cansado y taciturno. Su cuarto no era precisamente el común denominador del hogar amoblando, pero tenia un colchón grueso y mullido para soportar sus sueños y una lampara para iluminar sus textos. A solas con su libro, no pudo más que disfrutarlo sin siquiera leerlo.

Pasar los dedos por las páginas virginales de aquel libro nuevo, escuchar el rose de las hojas entre sí, como suspiros quedos de placer vulgar, le devolvieron la sonrisa y la alegría que la tarde le robó. Ese momento de intimidad entre él y aquel libro recién comprado, esculpían una sonrisa en el templo de sus ojeras.

Tumbado en la cama recordó la mañana.

(1)

jueves, 11 de noviembre de 2010

10

-Que buen momento...

Diciendo esto se fue a dormir.

lunes, 8 de noviembre de 2010

15

En medio de la calle, en el centro del tapete del devenir de carros y exostos, un recogedor de basura verde olivo, parecía despedirse del mundo con un ademan indiferente. Desde todas las esquinas del lugar, el elemento de aseo suicida se veía decidido.

- ¡No lo hagas!- Gritó con estrépito una mujer ataviada de delantal, guantes enjabonados y una olla en la mano-, sé que he abusado de ti, que te he hecho cargar más de lo que debes, que duermes en el patio y pasas el día empolvado, pero no te mates por favor.
Él ni se inmutó. Los carros cruzaban la avenida compitiendo contra el viento, esquivando a penas al recogedor insensato.

- Te arrepenti...- intentó terminar su frase, pero sus palabras se fueron volando junto a las astillas y el barullo del plástico desternillado contra el pavimento.

domingo, 7 de noviembre de 2010

7

La paloma se posó muy cerca de la banca. A la sombra, un perro callejero mascaba un hueso moteado de carne. el ave currucutió, dejó un maíz junto al can y salió volando sin dejarle espacio al perro de entregarle su hueso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

22

Ojalá siempre fuese así. Ojalá los día soleado siempre auguraran días claros.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

3

A punto de entrar en ese palacio infranqueable por la mirada, días itinerantes aprisionaban mis emociones. No daba más, ya sea pensar en la libertad ad portas o que el cielo se encuentre con la lluvia, Temor a defraudarlos a todos tenía él. sobre todo, temor a defraudarse a si mismo.

martes, 2 de noviembre de 2010

27

Quise justificarme de alguna manera. Era tarde y lo sabía, ningún pretexto valía ante la mirada inefable del reproche. Siempre he intentado evitar los "peros", siempre hago lo indicado. Esta vez, las dos circunstancias eran dignas acciones del ser y yo, entre ambas, Fucilado.

6

Al azar escogí un número. "El que más me gusta" pensé, para luego descubrí que todo era un ardid del cartelito que frente a mí, me llamaba con vivos colores a perderme en el consumo. Pese a todo, indicando con un lápiz rojo el número electo, lo recalqué con un circulito y me dije: "Jamás lo pensaré de nuevo". Así, manipulado, caminé.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Uno

Semidespierto vi la estela del mundo dibujarse tras la cortina. No auguraba la tarde mejor ademan que el de llover incansable hasta muy entrada la tarde. ¿Y así pretendía levantarme? ¿sin razones y con garantías empañadas?

domingo, 24 de octubre de 2010

El hilo azul

Pendía de una larga cuerda azul. Él, la hormiga más peculiar de todas, apunto de romperse las seis patas y la conciencia. No podía bajar, la soga no era tan larga, de nada le servia subir, al otro lado, una araña con mala actitud lo esperaba con ademan hambriento. Infortunadamente, el viento empezaba a soplar fuerte, la hormiga intentaba aferrarse con las pocas fuerzas que le quedaban.

La lluvia golpeaba el hilo azul, sus patas se resbalaban. La araña se protegía sin perder de vista a su presa potencial. Fue cuando, una polilla desafortunada, dio en la telaraña e hizo un amasijo. El arácnido no se molestó en cambiar de menú. Pese a todo, la hormiguita no pudo contenerse, calló del hilo que lo sostenía y se estrelló contra el suelo.

Fue cuando despertó de su sueño.


-¿Las hormigas sueñan?
-No duermen.
-Así que no sueñan.
- No necesitas dormir para hacerlo.

domingo, 17 de octubre de 2010

Mito citadino

Una noche, una farola, parada indiferente en una calle solitaria, miró con desdén al cielo y a las estrellas. Sintiéndose ignorada, lanzó un grito tan fuerte que sacudió el firmamento.

La luna, que recién se levantaba, miró extrañada a la insolente lámpara. pese a todo, se dirigió a ella con voz dulce y cortés

- ¿ Que quieres pequeña luz, que llamas tanto a nuestro cielo?

- Quiero que mi luz y la de mis hermanas sea la más bella de la noche. Ustedes nos opacan- Argumentó la lámpara decidida.

- ¿que propones?- Interrogó extrañada la luna.

- Un duelo entre mis hermanas y las estrellas. Tu serás la juez amiga luna.

La luna pidió un día para pensarlo. Luego de discutirlo con las estrellas, indignadas todas ellas por la afrenta que les hacían tan terrenales faros, aceptaron con unanimidad todas ellas cuando se puso a votación la situación en el consenso de los astros. Todas menos una, la cual, entre otras coas no era una estrella. Era Venus, rebelde, luminosa y bella, criticada por sus hermanas por ser planeta

Llegó la noche de la competencia

Todos los faros en una larga avenida miraron al cielo y las estrellas jactanciosas observaban desde arriba. La Luna miró a ambas facciones con tención y dio las reglas de la competencia con voz temblorosa.

- Las demandantes quieren una competencia por el monopolio de las luces de la noche. desde este momento y hasta que salga el sol, contaremos cada vez que los humanos se detengan a observarlas, el equipo que más vistazos tenga se queda con la noche.

Así pasaron las horas. Ninguna de las partes podía decir una palabra para llamar la atención, los humanos debían mirar a cada una por sus encantos y no por sus subterfugios.

El sol contó los votos al otro día y cuando llegó la noche se los cedió a la luna al atardecer. Ella, aclarándose la garganta se dirigió a ambos equipos, listos e impacientes.

- Ya está el conteo. Al parecer, los humanos no gustan de ver para arriba. Pocos tuvieron la audacia de perder tres segundos de su tiempo para contemplar la inmensidad de puntitos sobre sus cabezas.

>>Por el contrario, la gran mayoría, se preocupaba por ver las luces encendidas en la calle y así procurarse seguridad, que su carro no se rayara o que un maleante no los emboscara. A los humanos les importa verse las caras, reparase entre sí, envidiarse e imitarse. Es algo que su naturaleza les exige aun en la noche. Las estrellas son poco luminosas, no son suficientes. Así pues, los faros ganan

Tras el conmovedor discurso de la luna, las perdedoras, presas de una magia insospechada, comenzaron a difuminarse en el pastel azul oscuro del cielo nocturnino.

El faro líder, quien encabezó la revolución, se arrepintió viendo desaparecer a sus contrincantes. Ahora las luces de la ciudad estaban solas

el cielo se puso naranja

y las nubes violetas

Ahora sólo brillaba en lo alto un puntito débil, Venus, la rebelde, quien lejos de su naturaleza de estrella, había evadido el contrato de la competencia.

Desde aquel entonces la luna le acompaña, tomando aire hasta donde puede, hinchándose para iluminar, intentando mitigar el silencio de las estrellas perdidas sobre el cielo de la ciudad.

Ahora, las lámparas avergonzadas, bajan la cabeza e iluminan el suelo, arrepentidas de la osadía a las que las arrastró la envidia.

FIN

Es un mito citadino, para los que se preguntan el porqué no salen las estrellas en la ciudad.

viernes, 15 de octubre de 2010

La barra del bar.

Sin más inhibiciones que la muerte, Francisco bebió el trago más largo de la noche. Con él, había "matado" la cuarta botella. Sonaba en el ambiente una mezcla de bolero de antaño, con el vallenato acelerado que se colaba por la puerta.

- No beba más-, sugería Manolo arrastrando la última S-, no ve que esa mujer no vale la pena.
- Estoy superando mi propia marca- Mintió Francisco.

Las cuatro horas que pasaron a dentro de aquel bar estrecho y pestilente, le parecieron eternas a Jorge. Amigo de Francisco y Manolo desde los 6 años y abstemio hacía 2. Invulnerable al encanto de las copas, tuvo que entretener su mente en otro tipo de vicio. Uno más pernicioso, como las mujeres.

Francisco sabía que las cosas terminarían mal, cuando, mirando de reojo con la vista nublada por el espíritu del aguardiente, vio sentarse coqueta una mujer irremediablemente bella.

- Me llamo Luisa- se presento ella ante Jorge, arrebatandole la mirada que descansaba sobre uno de los adornos de la pared.
- ¿Y vienes mucho por acá?- Continuó ella sin dejarlo responder.

Él, tomandose su tiempo para computar el suceso, discutió con sus hormonas para que lo dejaran actuar, intentó controlar el tic de su ojo derecho y trató de rememorar antiguas situaciones similares a ésta. Nada resultó.

- ¿Te comió la lengua el gato?- Interrogó divertida ella.
- No, no tengo ninguno, no me gustan- respondió nervioso.
- Yo tenia una que le gustaba arañarme el cuello- interrumpió Manolo, riendo después.

Ambos lo miraron con desdén. En especial Jorge, quien esperaba un poco de ayuda de sus amigos, dado que no era muy bueno con las mujeres.

-¿Me invitas a una cerveza?
- ¿Si me dices tu nombre?
- Ya lo hice- sonrió ante su torpeza- ¿cómo te llamas tú?
- Jorge.
- ¿Y tu amigo, el tristón?- Respondió dijo poniéndose de pie y acercándose al beodo Francisco.
-Yo me llamo Pacho, y las mujeres... Zorras. - Respondió apurando una copa.

Francisco no tenia suerte con las mujeres. Era atractivo, y se relacionaba bien con ellas, pero de mantener una relación estable no tenia idea. Su última novia, con la que había pasado un poco más de 6 meses de vida en pareja lo dejó por su mejor amiga. Ahora, amparado en el alcohol, ahogaba su misoginia, en anís y roble.

Manolo se quedó dormido sobre la barra, roncando sonoramente, Jorge, veía como Luisa jugueteaba con el cabello de francisco y él, aparentando rechazo, reía y conversaba con ella. Les pusieron las cervezas, ella la tomó sin siquiera ver a Jorge. Brindando con Francisco la bebió toda de un trago. A eso le siguieron las frases de cajón, las sonrisas etilicas, las carcajadas y una invitación al apartamento. Tropezaron salieron ambos, despidiéndose de Jorge con un ademan y de Manolo con un espaldarazo que lo despertó.

Jorge miró dos veces afuera para asegurarse de que se hubiesen ido ya.
- Ese bastardo tiene mucha suerte- Concluyó.
- Cualquiera puede conseguir una mujer- objetó manolo rascándose los ojos.
-No, me refiero a que tiene muy buenos amigos.
- Claro, no hubiese salido de acá de otra manera.
- ¿Se dará cuenta de que es mi prima?- Dijo Jorge sonriendole a manolo.


Ambos rieron, pagaron al cuenta y regresaron a casa. Esperando a que amaneciera y Francisco les contara con detalles la hazaña de la noche anterior junto a la mujer que no aparentaba ser la prima de Jorge.






martes, 12 de octubre de 2010

ápice...

El silencio les comió la lengua. Él, Paco y sus otros cuatro amigos, se miraban mutuamente las caras esperando animo o aprobación. Desesperados, se arrancaron palabras a gritos, en busca de un ápice de humanidad; de esa que desperdigaron en el campo de batalla y que ahora se escurría por sus dedos.

el silencio se les comió el alma. Negra de remordimiento.

domingo, 10 de octubre de 2010

Ideas!

Tengo las ideas picadas. La imaginación alborotada. No logro concentrarme en lo que hago, pues una chispa me ilumina el seso y un mar de imágenes me reencuentran con el ocio. Así, inspirado en el idilio de la creatividad... Tengo las palabras secas, a pesar de tener el mar de las ideas picado.

lunes, 4 de octubre de 2010

Carta.......

Ella escribió:

¿Qué le dijo un rey al otro? Amigo Él (espero poder llamarte amigo), no me dejes quemandome en ascuas, que no me gusta marinar en la salmuera de la incógnita. Tienes esa mala costumbre de no terminar tus historias, ¿Es que no te gustan? Parece que las abandonaras. Al menos yo las leo, por si es eso lo que te preocupa, sé que muchos más quisieran leerlas. Bueno, Hablo por mí.

Te cuento que hoy intenté ir a la tienda sola, un pequeño negocio que no queda a más de una cuadra de mi casa. Según mi madre mi camiseta florida no es acorde con la moda otoñal. Yo me le rió en la cara y le recuerdo que aquí ni siquiera hay otoño, que despertamos a diario en la parte más álgida del trópico, que vivimos pegados al monte y rodeados por la selva más alucinante del mundo. Es curioso, Mi madre se limita a romperme la boca. Pero no te escandalices, comprendela, es de pocas palabras. Hablar poco y actuar pronto, al parecer, es la moda.

Te escribiré pronto, si terminas tu historia,

Un abrazo

Att: Ella °-°

jueves, 30 de septiembre de 2010

Un vez el viento me contó

Hoy quiero escribirte luego de mucho tiempo de no hacerlo. Si te preguntas cual fue mi inspiración esta vez, creo que fue el rumor del viento. Al fin y al cabo, lo bueno y lo malo, llega con un soplo y el mundo terminará con un suspiro.

_ Tengo una historia para contar. Me la narró el viento una noche sin luna, tal y como ésta.
_ Pero... si estamos en menguante, mirarla allá_. Señaló Paco al cielo.
_ Es sólo un decir_. Recalcó Pablo a su vez.
_ Tengo una historia para contar _ Continuó Pablo_, pero una promesa que cumplir. Pasa que el viento me hizo prometer que, si él me narraba está historia yo no se la contaría a nadie.

En es ese momento entró Luisa, se sentó en el suelo junto a Paco. Pablo los miraba desde lo alto del muro que lo sustentaba.

_ ¿Para qué quieres una historia que no puedes contar? _. Preguntó con sorna Luisa.
_ No sé, el viento me la contó, yo no se la pedí.
_ Entonces cuéntanos la.
_ No, no puedo hacerle eso al viento, somos amigos.
_ Claro que no, _ gritó Luisa, poniéndose de pie_, si pasas tu vida sin contar a nadie la historia que él te confió, no harás más que morir un día.
_ Si, morirás_ Apoyó Paco, igualmente de pie_. Cuando te mueras te volverás polvo, junto a ese cuento.
_ Y cuando muera...
_ El viento se llevará el polvo de tus huesos, junto a tus ideas y recuerdos.
_ El viento es un egoísta, me mintió.

Los tres de pie, mirándose a la cara, atisbaban a duras penas los rasgos faciales de los demás. Una lucecita ámbar titilante, era lo único que pintaba sus rostros en medio de aquella noche cerrada de luna menguante.

_ Bien, les contaré. Nadie diga nada, pues las paredes oyen y las calles hablan.

Sentados ahora los tres al pie del farol, comenzó la historia acompasada por una trémula orquesta difuminada a la distancia. Tomando aire Pablo...

... Del viento a Pablo...


_ Una vez el viento me contó, que cuando el tiempo era aun muy chico; apenas unos minutos quizá, dos reyes inmemoriales se encontraron para charlar. Ambos eran dueños de cantidades indescriptibles de tierra. Así, una tarde se dieron cita en un jardín de flores azules, arboles amarillos y frutos purpura. Uno ataviado de blanco, esperando magnánimo en una silla de piedra y plumas. El otro vestía de negro, quien bajó de sus pintorescos cuadrúpedos, seudocaballocamello, justo al pie del trono del rey de blanco.

_ Amigo Lan, busco sosiego tras mil penas que me roban las lágrimas_. Saludó el hombre de negro apenas apeado de su bestia.
_ Mi estimado Eg, el corazón y la cabeza son dos tribus en conflicto. Viven del mismo manantial y adoran un mismo dios. Son poderosas fuerzas, combínalas a tu favor, no las roces en lid.
_ No puedo amigo mío, la luna es mi amada imposible, la distancia entre sus brazos y los míos, lo que me mata_. Eg se dejó caer y en él se posaron diez mariposas verdeazuladas.

El rey Lan, magnifico y sagas, con una copa de buen vino en una mano y con una sonrisa de calma en la cara, palmoteó suavemente a su amigo.

_ Querido Eg. Hace muchos años, más de los que me he permitido recordar, fui un hombre completo. El amor me golpeó directo y sin contemplación, chocó con mi alma tiñéndola de anhelo.
_ Cuéntame que hiciste para sacar la mancha_. Interrumpió desesperado Eg.
_ Lo primero que hice fue calmarme, callar y escuchar el sabio clamor de los grillos_. Respondió Lan con alegre reproche.
_ Es una historia que merece tu atención mi amigo Eg. Aquel amor me hizo hombre.

... Del rey Lan al Rey Eg...

Continuará





martes, 28 de septiembre de 2010

Minuto y medio antes de despegar


Playa
ignición
sonreír
diferente
artistas
olvido


Escribí en la arena mi nombre. Julian, con la letra pulida y clara que aprendí de los curas del colegio. Las olas venían y se iban sin siquiera saludar, mucho menos despedirse, pero con ellas, mi nombre tallado en el suelo se borraban en espuma. Así pasé toda la mañana. Queriendo olvidar los planes que durante meses me quitaron el sueño y monopolizaron mi vigilia. Ahora ese cohete preparado con pasión y locura sería despegado por otros.
Cuando la mecha empezaba a silbar y la ignición se veía cerca me eché al mar.

Recuerdo entre olas que mi primera sonrisa la arrancó un pequeño volador de poca pólvora y mucho ruido. Yo tendría eso de 7 años cuando la navidad, que normalmente pasaba con mis familiares en la costa atlántica, se mezclaba entre estrellas y barullos de fiesta. Una noche buena de tantas, sentado en una silla apartada, vi la luna llena reflejada por un mar sumiso. El sosiego se quebró con un estallido y un golpe seco. Yo, que había pasado siete años de vida conviviendo con dos hermanas malvadas, soportaba bastante bien el susto y el advenimiento. Así que revisé la arena y vi clavados un par de voladores. Uno de ellos negro de hollín, el otro amarrado al primero, pero intacto.

Esa noche fue precedente de las demás. Desde que prendí y estallé mi primer volador, la pólvora y sus bellos fuegos de artificio pasaron a ser mi ambición. Me convertí en ese ser diferente y anacoreta que olvida la juventud, para sacrificarla en potajes de azufre y carbón. Vituperado, temido, acomplejado, mis días de colegio no fueron una época que recuerde con cariño. Salvo claro, los primeros prototipos de cohete que cree, quienes prendieron casas, peinados y noches.

Pasa que, teniendo la edad suficiente como para carcomerme la sesera preguntándome que hacer con mi joven vida, las ilusiones artísticas me envenenaron el alma. Nadie me sacaba de la cabeza la idea de presentarme como gran mago de luces, quemando pólvora especial, en colores, formas y tamaños alucinantes. Independiente de si me desanimaban o no, mis padres jamás financiarían una idea tan descabellada. Dado el caso, nadie tuvo que negármelo para desistir.

En unos años olvide esa idea, justo mientras cursaba sexto semestre de ingenieria química. Iba a crear el cohete tripulado más potente del país. Surcaría el cielo con velocidad sónica, mareando a las ranitas que lo tripularían. Y así lo hice. Con toda la pólvora que pude conseguir con mi sueldo de mesero, aproveché las vacaciones en la costa para montar la plataforma de lanzamiento, cerca al mar. Tras mucho trabajo lo conseguí.

Desafortunadamente, el predio de mis abuelos no comprendía el espacio de playa donde se sustentaba todo el aparataje del cohete. Así que los vecinos, con carta en mano y policías armados me alejaron de mi caprichoso proyecto amenazándome de cárcel. Me hubiese hecho matar, de no ser por mis hermanas que me acompañaban en ese momento.

Así llegó el penoso día en el que, escribiendo mi nombre en la arena, escuchaba las risotadas de los vecinos y las pretensiones claras de encender mi gran obra. Negándome a ver más, me lancé en extraño clavado al agua, hice gala de mi minuto y medio de capacidad pulmonar y esperé el final de mi creación arrebatada. Cuando me encontré con la superficie, el aire olía a fuego y muerte. Los vecinos, yacían rostizados en el suelo, sin vida, rociados por las cervezas con las que se atragantaban segundos antes. De igual forma la casa, envuelta en llamas, echando un baho negro que señalaba al culpable. Mi cohete, en lugar de ignición hizo explosión y su carcasa olvidaba, me sonreia en medio de una playa diferente.



martes, 21 de septiembre de 2010

Brecha en la historia "Él y Ella pueden"

¿Qué pasaría si el Internet no nos hubiese separado y las cartas aun vivieran en nuestras costumbres?
¿Y que si las cartas fuesen aviones de papel quienes, al escribir un nombre, volaran incansables hasta su destinatario?


Él y Ella pueden....

lunes, 20 de septiembre de 2010

Epistola......

Él escribió:
"El mundo real no lo es tanto. En mi pueblo natal todos usan mascaras para cubrir sus propias vergüenzas y los sentimientos sinceros se dejan para los interiores. En ese caso, tú serías más real que yo. en cuanto a mí, no hay mucho que decir. Escribir poemas cacofónicos fue mi único pasatiempo durante años, en los que apenas y si me pasé por el colegio. Pasado el tiempo y ya con un titulo de bachiller en mi haber, seguí vagabundeando, tal cual lo acostumbraba en mis días de escolar, buscando inspiración en algún recoveco del pueblo o pidiendo libros prestados a personas que los usaban para atrancar puertas. En esas me ando desde hace tres años.
Mi familia se fue de este pueblo, alegando que había entrado en decadencia. Yo pienso igual, pero no es suficiente como para dejar este lugar. De cualquier forma, aun me falta encontrar algo aquí, así que no dejaré este pueblo hasta hallarlo. Aun me quedan muchas esquinas por explorar e inspiraciones que coger desprevenidas.
Ahora cuentame tú como es el mundo real. Sé que es más real que el mio."

domingo, 19 de septiembre de 2010

Él y Ella... pretenciones.


Desde hacía muchas lunas, un avión de papel al día volaba desde la lejanía e iba a parar sobre la alfombra verde de su cuarto. Ella, amante de todo lo desconocido, tomaba las cartas de ese alias misterioso y las leía con ávidas cada noche. siempre antes de dormir. Ella, una joven de ojos oscuros, en los que la luna y los atardeceres se reflejaban con conmovedora belleza, recogió la pequeña caja donde guardaba todas las cartas de su amigo lejano y ataviandose con una chaqueta roja y un morral azul, bajó hasta el gran patio de su casa. Era de noche, La luna llena empezaba a decaer en el cielo. Los arboles manchados de plata se mecían al compás de un soplo nocturno. el viento se le antojaba refrescante a Ella, quien lo recibía de lleno en su rostro, más blanco que nunca . Con el plan de escape en una mano, y el corazón enchido de valor, estaba preparada para volverse una persona real, tras esas rejas.

De subito se encendió una luz en la casa. Un sonido lejano de voces llegaba cansado hasta ella. Sin miramientos se echó a correr hacia el bosque de pinos que ostenta su jardín, con el plan de escape fuertemente agarrado, arrugado.


...

Él, comenzó a escribir a la dirección que encontró en el remitente de una carta olvidada. Era el avión de papel mejor doblado que había visto jamás. Dado que estaba tirado en medio de una de las calles del parque central del Pueblo Decadente, y ligeramente mojado por la lluvia matutina, no podía hacer más que tomar el papel amorosamente y llevarlo consigo. No fue sino hasta el día siguiente cuando Él dobló con esmero un avión de papel, aunque nunca hubiese logrado aprender a hacer ninguno hasta el momento. En él, una pregunta y una petición volaron rumbo a un remitente cuyo nombre se borró con los primeros sollozos de marzo.

Ella escribió: "Desesperada lanzo mi alma en una carta, con los primeros números de destinatario que pude imaginar, esperanzada de que alguien leerá mis letras y me liberará en su memoria. Vivo encarcelada en el desasosiego, ¿dónde encuentro la llave?".

(Su nombre se borró al aterrizar. El avión de papel calló de cola en un charco... y la firma y un posdata se disolvieron en dudas. Él sin más remedio comenzó a llamarla "Ella".)

Él escribió: "Mujer desesperada, la he liberado en mi recuerdo y dudo que la pueda sacar con facilidad de allí. Todo esto es más que peculiar, lo tacharía de sureal, mas no me quejo, me gusta. ¡Realmente quiere encontrar la llave? Primero debiera de buscar la cerradura. Una prisión espiritual suele ser engañosamente grande. Puedo ayudarte a encontrarla. "

(Dado que él no conocía el nombre de ella, comenzó a llamarse "Él". Ella al ver este peculiar alias le siguió el juego, de esta carta en adelante comenzó a firmar como Ella.)

Así comenzó su intercambio epistolar. Ella, un atardecer, mientras miraba las montañas por la ventana desnuda de su cuarto, vio caer lentamente la primera de muchas cartas. Era su única conexión con el mundo real, pues su vida era un entramado de ordenes y privaciones. Su alto estatus la obligaba a comportarse como una joven inflada, vanidosa, sumisa y sociable. El estereotipo la perseguía sin merced, sus padres la presionaban para que lo aceptara con gusto. Sin embargo, toda la insistencia era vana. El recuerdo de su primer amor, un jardinero despistado y excéntrico, la animaba a mantenerse al otro lado de la linea, a vestir zapatos sucios, pantalones anchos, ropa colorida y peinados descuidados. Era por eso que, a pesar de los sollozos y las insistencias, la libertad de Ella, estaba delimitada del portón principal hasta el denso patio de arboles caóticos y de rejas invulnerables.
No obstante, aun tenia su cuarto. Su templo, el único lugar en toda la casa que reprobaba con creces los cánones de belleza. La combinación de colores era de verde a naranja chillón y sus pinturas hechas al oleo estampaban la pared sin ninguna proporción. Eran aquellas pinturas, lienzos y aceites, todo su mundo. Era creadora de un lugar único, donde ella era real. Donde era normal.
Además de la amplia biblioteca de su padre, la cual parecía de adorno, salvo por el apetito erudito de su hija quien leía con placer tomo tras tomo. Claro que, su habito de lectura no hacia más que ahondar la brecha que separaba sus compañeras de colegio de ella.

La siguiente noche, después de recibir la primera carta, Ella, tomando con religiosidad una pluma de cuantioso valor, se dejó ir en el papel.

Ella escribió: "Estimado Él.
Disculpa si es prematura mi respuesta. Aquí no soy nadie y este pedazo de papel me hace mucho muy real. Hoy vi la paciencia de mis padres llegar a su tope. Tenían la cara roja, ambos, apenados e iracundos, me gritaban su desgracia y me endilgaban todos sus problemas. Creo que lo que pasa es que no se quieren, que ambos tienen amantes furtivos. Yo soy lo único que los une. Estoy seguro que eso les da asco. De cualquier forma, estoy feliz, pues pude responder a los insultos de una mujer extremadamente plástica. Sé que no es bueno contrainsultar a la directora del colegio... pero, se sintió tan bien. ¿Podría contarme un poco de usted? si no quiere, puede decirme como es el mundo real. Yo vivo en paredes de cemento, alfombra, plástico y lucesitas.

Att: Ella.



(La carta de Él se tarda un día en llegar)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Un cuento, una galleta

El dinero no me sobra, creo que a nadie realmente. Dado que me gusta la idea de un destino bohemio y artístico, no debo hacerme a la idea de terminar mis días amasando fortunas. Al menos, no es mi interés. Y da igual, tengo mis historias para que acompañen el final de mi vida, quizá a mi lado a una mujer formidable.

Historias por galletas, cada vez más escasas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Ella...

A nadie le pertenece aquello invulnerable al extravio.. Por eso Ella, ataviada con un vestido azul, zapatos verdes y una cinta en el cuello, caminó el extremo del camino que conecta el hogar materno con las infinitas posibilidades de la terminal de transportes. Señaló un nombre al azar y pagó el boleto sin preocuparse por la devuelta, concentrada en las últimas palabras que aun sabían en sus labios y los gritos febriles rimbombantes en sus oídos. Una pelea cuyo dialogo se perdió en la historia, recordado el mismo día en que fue ejecutado y perdido en el torrente de palabras evaporadas en el caudal del olvido al otro día.

Ella sabía muy bien que lo único que le pertenecía realmente era su propia vida y su libertad de decir no. Las demás cosas eran efímeras baratijas transitorias. De igual forma, sin un pelo de ingenuidad, también tenía la certidumbre de que esas dos cosas que llevaba consigo siempre, se las podrían arrebatar, de diferentes formas y de vistosas maneras.

...

martes, 17 de agosto de 2010

CRA... Continuación

Siento la demora, escribir todo esto me tomó más tiempo del que pensaba y me hizo falta otro tanto de motivación. Quizá la historia no sea lo suficientemente emocionante, pero tiene elementos esenciales dentro de la historia que empiezo a urdir. Sin más, acá esta el final de esta historia y el pie a una más grande. N del A.


...

La casa de la colina era la pequeña choza olvidad donde los mensajes perdidos iba a parar. sus amplios ventanales, abiertos la mayor parte del día, dejaban entrar a diario decenas de cartas en forma de avión. Desparramadas, ajenas, tiradas en el piso empolvado, perdían la poca vida que sus creadores habían impreso en ellas. Como su popular nombre daba a entender, era una casa plantada en la única colina que circundaba un inmenso valle. Era por su altura y sus incomprensibles propiedades mágicas que los atardeceres en aquel lugar de asombro, eran más bellos que en cualquier otro rincón del mundo.

Una paloma blanca cortejaba a una gris de plumaje barrado, ambas paradas sin desasosiego sobre el techo a dos aguas de la casa de la colina. ¿Y a que va tanto barullo con palomas y casas? se preguntaran ustedes. Bueno, les diré que el ruido que produjo la corneta al comenzar la competencia vibró hasta el último agujero del pueblo, incluso la alejada colina. Espantó las palomas y casi tumba una teja.

Adentro la suerte ya estaba echada. Unos minutos antes del pitido atronador, el señor Barrena había leído los nombres de las parejas, escogidos al azar. Mala palabra comprenderán, teniendo en cuenta que en aquel pueblo, la suerte era la criatura más caprichosa de todas. Ágil, sagaz y volátil como el viento, omnipresente, acomplejada, execrada, vituperada y adorada. Dado que nos perdimos ese evento, una paloma amiga me a contado lo sucedido:

"El señor Barrena abrió el sobré, lo enarboló y comenzó a leerlo remarcando cada nombre.
- Las parejas estan conformadas por: Edmon y Teresa; Carlos y Lorena; Amanda y Tomás; Daniela y Mefisto; Erato y Uriel.
Al terminar, les lanzó una mirada paternal a todos y aplaudió fuertemente al aire, fue cuando sonó la corneta".

Aunque no lo demostrase, Mefisto estaba hirviendo, una ira casi mitológica lo poseía de a pocos. Su cara no lo debelaba, pero la arena bajo sus pies, fuertemente compactada, revelaban ante el ojo observador unos talones iracundos. Su pareja se acercó a él, quien aun tenia la cabeza en sus fantasías de victoria.

Uriel un poco tímido se paró junto a Erato. La saludó de nuevo, después de casi tres meses sin verla. Así comenzó la competencia, con sonrisas y maldiciones. Tras la corneta los jueces se pusieron de pie. Eran tres, dos hombres curiosamente uniformados, calvos, de pelo grisáceo, cejas pobladas, nariz aguileña, boca pequeña y corta estatura. Lo único que los diferenciaba era el diseño de las gafas, ya que, el doctor H tenia un marco ovalado y el doctor J uno rectangular. Como compañera tenían a una mujer mucho más joven que ellos dos, quizá, mucho más que ambas edades juntas. Su pelo castaño le llegaba a la mitad de la espalda y sus ojos amarillos, casi felinos, le daban ese aire jovial que cargaba de tanta decrepitud a sus compañeros. Después de todo, dejar mal parados a sus compañeros era uno de tantos pasatiempos que tenia la señorita Clio, entre maltratar a las palomas, espantar gatos y ladrar a los perros, hacer pasar por ineptos a los demás solía ser su mayor diversión.

El vendedor de papitas había terminado de repartir su quinto paquete cuando la competencia comenzó, por fin luego de tantos rodeos. El orden de las parejas era el mismo dictado por el señor Barrena. Así pues, Edmon, el joven raro del sombrero de copa y su compañera iniciaron las justas. La tomó en sus brazos y la apretó fuerte, pensando en su abuela, quien había muerto hacia poco. Teresa, la chica de los abundantes crespos lo abrazó pensando en su último ex novio.

Los jueces guardaron silencio, no dirían nada hasta no haber visto a los demás. De cualquier forma, la expresión de repudio de Clio ante tanto sentimentalismo, daba a entender que no tendrían muchos puntos. Y así pasaron las demás parejas, Carlos y lorena se abarzaron como cuando eran novios en el jardín de infancia, aun que la melaseria no duró mucho, pues aquel apretón dulce, inocente, cercano y familiar cambió cuando Carlos recordó las viejas traiciones de Lorena. Se alejaron un poco, tanto como lo permite un abrazo hipócrita. En cuanto a Amanda y Tomás, no hay mucho que decir. La verguenza exagerada que sentía él le puso las piernas de trapo y dio a parar de narices en el escote de su compañera. Los jueces se miraron con asentimiento, compartiendo una sonrisa entreverada por la academia y el morbo.

Mefisto Ya estaba derrotado. Con desprecio tomó del brazo a su compañera y la abrazó como dando un pes amen, acompañado por la certidumbre de la derrota. Cuando salia del circulo central en el que los jueces posaban su ojo clínico, el hombre de las cejas pobladas y el ceño férreo, de naturaleza derrotista y placeres egoístas les lanzó una mirada de desprecio incontenible a la última pareja por presentarse. Erato auscultó los ojos de Mefisto, como sólo ella se había aventurado hacer. Orgulloso, mantuvo la mirada, la de él era altiva, la de ella de reparo, y ofreciéndole su espalda de colección enciclopédica recordó el viejo tamborileo en su corazón y las sensaciones mundanas que lo encadenaban al Pueblo Decadente. La amaba aun que se lo negase.

Sonó una sirena, la segunda etapa iba a comenzar. Las parejas se prepararon después de quince minutos de planeación y tras la voz ronca del señor barrena comenzaron las contorsiones. El primer grupo hizo un antinatura abrazó anti gravedad, donde ella miraba de cabezas al publico agarrada con total naturalidad a las piernas de Edmon. Los siguientes se abrazaron de espaldas, cargándose uno al otro como en un juego de gimnasia, una dos, cuatro veces, hasta que la fuerza se le safó a Carlos y dio toda la vuelta, dejando a Teresa mirando hacia el cielo, mareada. El público parecía vibrar, chillando cual chicharras al anochecer. Los jueces sonrieron y Barrena caldeaba los ánimos ofreciendo productos de la competencia a la salida del edificio.

Otros abrazos entretuvieron la noche. La siguiente pareja resultó enseñando su abrazo especial de dedo, donde solo los dedos entraban en contacto. Otros probaron el abrazo en cruz, donde ella se sustenta en los brazos de él perpendicular al suelo. Mefisto se tardó en convencer a su compañera de que lo abrazara mientras él estaba arrodillado en el suelo, posando el rostro en su pecho. Ahora Erato y Uriel bajo la mirilla del público se miraron desconcertados. Tras pensar 10 minutos que peripecia enseñar, el tiempo se les terminó y salieron a escena. No hicieron más que mirarse a los ojos, esperando respuesta, recordando los viejos tiempos. Frotaron sus narices, y las masas compungidas dejaron escapar un suspiro de ternura. A pesar de todo, Clio los auscultó con repugnancia.

Llegaba el final. Las voces casuales enmudecieron cuando el reflector volvió a brillar y las parejas una a una desfilaron mostrando escenillas de teatro barato. Curioso era que, lo que le daba más realismo era que todas esas historias eran reflejo de sus propias vidas. Así que Edmon se quitó el sombrero y le declaró su amor a Teresa, mujer complacida y prendada por él. Carlos y Lorena descollaron con las penas de amor de su relación de antaño, un reencuentro terminaba en abrazo. Tomás y Amanda pensaron en una idea absurda. Ambos vendados se encontraban de pronto, eran almas perdidas en la oscuridad de la vida. Se topan, se reconocen y se abrazan, como almas gemelas casualmente cruzadas en el camino. Para la pareja de Mefisto fue simple, pues el argumento que ellos planteaban era una urdimbre de frivolidades, insultos, miradas odiosas y confesiones truculentas. Uno termina matando a otro y se abrazan, mientras se le escapa la vida entre los dedos.

Llegado el tiempo de la última pareja, Uriel terminó de definir el argumento con una sonrisa de total confianza. Alcanzó a ver un arreglo de flores ataviando una de las paredes del camerino, inadvertido la tomó. Salió Erato primero, actuando desde la penumbra del corredor tras bambalinas. Bajó la mirada, entró al ruedo, triste a plena vista.
- La vida me a traído sola hasta aquí, con un acervo de preguntas de improbable resolución. Abandonada a mi suerte he caminando de noche, mirando de lejos las luces marginadas, y por primera vez en toda mi vida me he sentido acompañada. Llegó hasta aquí y encuentro aquello de lo que quería huir, ese horrible vacío. - Se tumba al suelo y solloza ruidosamente.
Uriel entra con la vista alta, la sonrisa erguida y el corazón arrebolado.
- Yo soy la noche, quien te abraza, aun cuando no sientas más que frío. Por favor, no llores más, apacigüemos juntos nuestra mutua soledad.
Abrazándose por fin terminó la escena.

Tras tanta parafernalia y las palabras inoportunas del señor Barrena, clio y sus compañeros octogenarios se plantaron ante el micrófono.
- Vamos al grano, - vociferó de repente, acallando todas las voces y sumiendo al resto en el suspenso.- En tercer lugar, con 5 puntos, el grupo de Mefisto, por su manejo casi profesional del odio, los abrazos asqueados y las miradas rancias. - Todos se miraron desconcertados, era más de lo que ellos mismos se esperaban.

-En segundo lugar- Tambores tocados por barrena- Las penas de amor, son penas y el dolor es una emoción bella. Carlos y Teresa tienen 6 puntos y son los segundos. - Los seguidores de esta pareja estallaron en alaridos.- Ahora, la razón por al cual estamos acá, independiente de si sus vidas son tan vacías que tengan que rellenarlas con un concurso de abrazos, el ganador es... - Silencio, miradas, tambores, Uriel y Erato mirándose con aquel cariño guardado por años. - Los ganadores son: Tomás y Amanda.
El público animó con fuerza, aplausos, gritos y silbidos. Con la mis timidez de siempre, Tomás acudió con su compañera por el premio, un sobre blanco y unas flores amarillas.

Con la mirada devastada, Erato barrió el suelo, mirando las pisadas en la arena, silente y cansada, sentada en unas butacas alejadas. Mefisto la miró de refilón antes de salir del lugar, con ascuas en el alma que le arañaban la conciencia. Por más que quiso no pudo acercarse ni animarla, era un acto de desinteresada bondad, y ese no era su estilo. Salió, se cruzó con Uriel, miradas de desafió y un apretón de manos. Uriel se sentó a su lado, ella no levantó la mirada. Reparando en la suave capul que cubría su frente, y el brillo de candidez y pena en sus ojos, él sacó la flor que había reservado y se la ofreció, poniéndola frente al rostro de la joven.

-Por favor, no llores más, apacigüemos juntos nuestra mutua soledad.

Antes de que todas las luces se apagaran, ambos competieron una sonrisa. sus ojos brillaron mutuamente antes de que la lobreguez diera por terminado todo el evento.