La lluvia golpeaba el hilo azul, sus patas se resbalaban. La araña se protegía sin perder de vista a su presa potencial. Fue cuando, una polilla desafortunada, dio en la telaraña e hizo un amasijo. El arácnido no se molestó en cambiar de menú. Pese a todo, la hormiguita no pudo contenerse, calló del hilo que lo sostenía y se estrelló contra el suelo.
Fue cuando despertó de su sueño.
-¿Las hormigas sueñan?
-No duermen.
-Así que no sueñan.
- No necesitas dormir para hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario