domingo, 24 de octubre de 2010

El hilo azul

Pendía de una larga cuerda azul. Él, la hormiga más peculiar de todas, apunto de romperse las seis patas y la conciencia. No podía bajar, la soga no era tan larga, de nada le servia subir, al otro lado, una araña con mala actitud lo esperaba con ademan hambriento. Infortunadamente, el viento empezaba a soplar fuerte, la hormiga intentaba aferrarse con las pocas fuerzas que le quedaban.

La lluvia golpeaba el hilo azul, sus patas se resbalaban. La araña se protegía sin perder de vista a su presa potencial. Fue cuando, una polilla desafortunada, dio en la telaraña e hizo un amasijo. El arácnido no se molestó en cambiar de menú. Pese a todo, la hormiguita no pudo contenerse, calló del hilo que lo sostenía y se estrelló contra el suelo.

Fue cuando despertó de su sueño.


-¿Las hormigas sueñan?
-No duermen.
-Así que no sueñan.
- No necesitas dormir para hacerlo.

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