viernes, 15 de octubre de 2010

La barra del bar.

Sin más inhibiciones que la muerte, Francisco bebió el trago más largo de la noche. Con él, había "matado" la cuarta botella. Sonaba en el ambiente una mezcla de bolero de antaño, con el vallenato acelerado que se colaba por la puerta.

- No beba más-, sugería Manolo arrastrando la última S-, no ve que esa mujer no vale la pena.
- Estoy superando mi propia marca- Mintió Francisco.

Las cuatro horas que pasaron a dentro de aquel bar estrecho y pestilente, le parecieron eternas a Jorge. Amigo de Francisco y Manolo desde los 6 años y abstemio hacía 2. Invulnerable al encanto de las copas, tuvo que entretener su mente en otro tipo de vicio. Uno más pernicioso, como las mujeres.

Francisco sabía que las cosas terminarían mal, cuando, mirando de reojo con la vista nublada por el espíritu del aguardiente, vio sentarse coqueta una mujer irremediablemente bella.

- Me llamo Luisa- se presento ella ante Jorge, arrebatandole la mirada que descansaba sobre uno de los adornos de la pared.
- ¿Y vienes mucho por acá?- Continuó ella sin dejarlo responder.

Él, tomandose su tiempo para computar el suceso, discutió con sus hormonas para que lo dejaran actuar, intentó controlar el tic de su ojo derecho y trató de rememorar antiguas situaciones similares a ésta. Nada resultó.

- ¿Te comió la lengua el gato?- Interrogó divertida ella.
- No, no tengo ninguno, no me gustan- respondió nervioso.
- Yo tenia una que le gustaba arañarme el cuello- interrumpió Manolo, riendo después.

Ambos lo miraron con desdén. En especial Jorge, quien esperaba un poco de ayuda de sus amigos, dado que no era muy bueno con las mujeres.

-¿Me invitas a una cerveza?
- ¿Si me dices tu nombre?
- Ya lo hice- sonrió ante su torpeza- ¿cómo te llamas tú?
- Jorge.
- ¿Y tu amigo, el tristón?- Respondió dijo poniéndose de pie y acercándose al beodo Francisco.
-Yo me llamo Pacho, y las mujeres... Zorras. - Respondió apurando una copa.

Francisco no tenia suerte con las mujeres. Era atractivo, y se relacionaba bien con ellas, pero de mantener una relación estable no tenia idea. Su última novia, con la que había pasado un poco más de 6 meses de vida en pareja lo dejó por su mejor amiga. Ahora, amparado en el alcohol, ahogaba su misoginia, en anís y roble.

Manolo se quedó dormido sobre la barra, roncando sonoramente, Jorge, veía como Luisa jugueteaba con el cabello de francisco y él, aparentando rechazo, reía y conversaba con ella. Les pusieron las cervezas, ella la tomó sin siquiera ver a Jorge. Brindando con Francisco la bebió toda de un trago. A eso le siguieron las frases de cajón, las sonrisas etilicas, las carcajadas y una invitación al apartamento. Tropezaron salieron ambos, despidiéndose de Jorge con un ademan y de Manolo con un espaldarazo que lo despertó.

Jorge miró dos veces afuera para asegurarse de que se hubiesen ido ya.
- Ese bastardo tiene mucha suerte- Concluyó.
- Cualquiera puede conseguir una mujer- objetó manolo rascándose los ojos.
-No, me refiero a que tiene muy buenos amigos.
- Claro, no hubiese salido de acá de otra manera.
- ¿Se dará cuenta de que es mi prima?- Dijo Jorge sonriendole a manolo.


Ambos rieron, pagaron al cuenta y regresaron a casa. Esperando a que amaneciera y Francisco les contara con detalles la hazaña de la noche anterior junto a la mujer que no aparentaba ser la prima de Jorge.






No hay comentarios:

Publicar un comentario