domingo, 17 de octubre de 2010

Mito citadino

Una noche, una farola, parada indiferente en una calle solitaria, miró con desdén al cielo y a las estrellas. Sintiéndose ignorada, lanzó un grito tan fuerte que sacudió el firmamento.

La luna, que recién se levantaba, miró extrañada a la insolente lámpara. pese a todo, se dirigió a ella con voz dulce y cortés

- ¿ Que quieres pequeña luz, que llamas tanto a nuestro cielo?

- Quiero que mi luz y la de mis hermanas sea la más bella de la noche. Ustedes nos opacan- Argumentó la lámpara decidida.

- ¿que propones?- Interrogó extrañada la luna.

- Un duelo entre mis hermanas y las estrellas. Tu serás la juez amiga luna.

La luna pidió un día para pensarlo. Luego de discutirlo con las estrellas, indignadas todas ellas por la afrenta que les hacían tan terrenales faros, aceptaron con unanimidad todas ellas cuando se puso a votación la situación en el consenso de los astros. Todas menos una, la cual, entre otras coas no era una estrella. Era Venus, rebelde, luminosa y bella, criticada por sus hermanas por ser planeta

Llegó la noche de la competencia

Todos los faros en una larga avenida miraron al cielo y las estrellas jactanciosas observaban desde arriba. La Luna miró a ambas facciones con tención y dio las reglas de la competencia con voz temblorosa.

- Las demandantes quieren una competencia por el monopolio de las luces de la noche. desde este momento y hasta que salga el sol, contaremos cada vez que los humanos se detengan a observarlas, el equipo que más vistazos tenga se queda con la noche.

Así pasaron las horas. Ninguna de las partes podía decir una palabra para llamar la atención, los humanos debían mirar a cada una por sus encantos y no por sus subterfugios.

El sol contó los votos al otro día y cuando llegó la noche se los cedió a la luna al atardecer. Ella, aclarándose la garganta se dirigió a ambos equipos, listos e impacientes.

- Ya está el conteo. Al parecer, los humanos no gustan de ver para arriba. Pocos tuvieron la audacia de perder tres segundos de su tiempo para contemplar la inmensidad de puntitos sobre sus cabezas.

>>Por el contrario, la gran mayoría, se preocupaba por ver las luces encendidas en la calle y así procurarse seguridad, que su carro no se rayara o que un maleante no los emboscara. A los humanos les importa verse las caras, reparase entre sí, envidiarse e imitarse. Es algo que su naturaleza les exige aun en la noche. Las estrellas son poco luminosas, no son suficientes. Así pues, los faros ganan

Tras el conmovedor discurso de la luna, las perdedoras, presas de una magia insospechada, comenzaron a difuminarse en el pastel azul oscuro del cielo nocturnino.

El faro líder, quien encabezó la revolución, se arrepintió viendo desaparecer a sus contrincantes. Ahora las luces de la ciudad estaban solas

el cielo se puso naranja

y las nubes violetas

Ahora sólo brillaba en lo alto un puntito débil, Venus, la rebelde, quien lejos de su naturaleza de estrella, había evadido el contrato de la competencia.

Desde aquel entonces la luna le acompaña, tomando aire hasta donde puede, hinchándose para iluminar, intentando mitigar el silencio de las estrellas perdidas sobre el cielo de la ciudad.

Ahora, las lámparas avergonzadas, bajan la cabeza e iluminan el suelo, arrepentidas de la osadía a las que las arrastró la envidia.

FIN

Es un mito citadino, para los que se preguntan el porqué no salen las estrellas en la ciudad.

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