-Otra vez con esa dichosa pregunta- Respondió Él con vehemencia, sentándose en una piedra cerca al rió.
-¿Y tú amigo?- Señaló Ella a Uriel, que organizaba los trebejos en su maletín unos centímetros más atrás de la discusión.
-De él sabes tanto como yo. Nos encontramos en la selva y a penas y salimos de ella en una sola pieza.
-Ociosos- Rió Ella, remojando por última vez la camiseta en la corriente.- Así que no sabes quién eres.
-Pues no. Para ser honesto no. Lo único que me diferencia de los demás es mi inalterable facultada para soñar.
-¿soñar despierto?
-Algo así.
-Que lindo.
-ummm... si tú lo dices...
Ella tendió al sol la camiseta verde olivo. Él la miraba con la vista perdida. Soñando.
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