Al azar escogí un número. "El que más me gusta" pensé, para luego descubrí que todo era un ardid del cartelito que frente a mí, me llamaba con vivos colores a perderme en el consumo. Pese a todo, indicando con un lápiz rojo el número electo, lo recalqué con un circulito y me dije: "Jamás lo pensaré de nuevo". Así, manipulado, caminé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario