domingo, 19 de septiembre de 2010

Él y Ella... pretenciones.


Desde hacía muchas lunas, un avión de papel al día volaba desde la lejanía e iba a parar sobre la alfombra verde de su cuarto. Ella, amante de todo lo desconocido, tomaba las cartas de ese alias misterioso y las leía con ávidas cada noche. siempre antes de dormir. Ella, una joven de ojos oscuros, en los que la luna y los atardeceres se reflejaban con conmovedora belleza, recogió la pequeña caja donde guardaba todas las cartas de su amigo lejano y ataviandose con una chaqueta roja y un morral azul, bajó hasta el gran patio de su casa. Era de noche, La luna llena empezaba a decaer en el cielo. Los arboles manchados de plata se mecían al compás de un soplo nocturno. el viento se le antojaba refrescante a Ella, quien lo recibía de lleno en su rostro, más blanco que nunca . Con el plan de escape en una mano, y el corazón enchido de valor, estaba preparada para volverse una persona real, tras esas rejas.

De subito se encendió una luz en la casa. Un sonido lejano de voces llegaba cansado hasta ella. Sin miramientos se echó a correr hacia el bosque de pinos que ostenta su jardín, con el plan de escape fuertemente agarrado, arrugado.


...

Él, comenzó a escribir a la dirección que encontró en el remitente de una carta olvidada. Era el avión de papel mejor doblado que había visto jamás. Dado que estaba tirado en medio de una de las calles del parque central del Pueblo Decadente, y ligeramente mojado por la lluvia matutina, no podía hacer más que tomar el papel amorosamente y llevarlo consigo. No fue sino hasta el día siguiente cuando Él dobló con esmero un avión de papel, aunque nunca hubiese logrado aprender a hacer ninguno hasta el momento. En él, una pregunta y una petición volaron rumbo a un remitente cuyo nombre se borró con los primeros sollozos de marzo.

Ella escribió: "Desesperada lanzo mi alma en una carta, con los primeros números de destinatario que pude imaginar, esperanzada de que alguien leerá mis letras y me liberará en su memoria. Vivo encarcelada en el desasosiego, ¿dónde encuentro la llave?".

(Su nombre se borró al aterrizar. El avión de papel calló de cola en un charco... y la firma y un posdata se disolvieron en dudas. Él sin más remedio comenzó a llamarla "Ella".)

Él escribió: "Mujer desesperada, la he liberado en mi recuerdo y dudo que la pueda sacar con facilidad de allí. Todo esto es más que peculiar, lo tacharía de sureal, mas no me quejo, me gusta. ¡Realmente quiere encontrar la llave? Primero debiera de buscar la cerradura. Una prisión espiritual suele ser engañosamente grande. Puedo ayudarte a encontrarla. "

(Dado que él no conocía el nombre de ella, comenzó a llamarse "Él". Ella al ver este peculiar alias le siguió el juego, de esta carta en adelante comenzó a firmar como Ella.)

Así comenzó su intercambio epistolar. Ella, un atardecer, mientras miraba las montañas por la ventana desnuda de su cuarto, vio caer lentamente la primera de muchas cartas. Era su única conexión con el mundo real, pues su vida era un entramado de ordenes y privaciones. Su alto estatus la obligaba a comportarse como una joven inflada, vanidosa, sumisa y sociable. El estereotipo la perseguía sin merced, sus padres la presionaban para que lo aceptara con gusto. Sin embargo, toda la insistencia era vana. El recuerdo de su primer amor, un jardinero despistado y excéntrico, la animaba a mantenerse al otro lado de la linea, a vestir zapatos sucios, pantalones anchos, ropa colorida y peinados descuidados. Era por eso que, a pesar de los sollozos y las insistencias, la libertad de Ella, estaba delimitada del portón principal hasta el denso patio de arboles caóticos y de rejas invulnerables.
No obstante, aun tenia su cuarto. Su templo, el único lugar en toda la casa que reprobaba con creces los cánones de belleza. La combinación de colores era de verde a naranja chillón y sus pinturas hechas al oleo estampaban la pared sin ninguna proporción. Eran aquellas pinturas, lienzos y aceites, todo su mundo. Era creadora de un lugar único, donde ella era real. Donde era normal.
Además de la amplia biblioteca de su padre, la cual parecía de adorno, salvo por el apetito erudito de su hija quien leía con placer tomo tras tomo. Claro que, su habito de lectura no hacia más que ahondar la brecha que separaba sus compañeras de colegio de ella.

La siguiente noche, después de recibir la primera carta, Ella, tomando con religiosidad una pluma de cuantioso valor, se dejó ir en el papel.

Ella escribió: "Estimado Él.
Disculpa si es prematura mi respuesta. Aquí no soy nadie y este pedazo de papel me hace mucho muy real. Hoy vi la paciencia de mis padres llegar a su tope. Tenían la cara roja, ambos, apenados e iracundos, me gritaban su desgracia y me endilgaban todos sus problemas. Creo que lo que pasa es que no se quieren, que ambos tienen amantes furtivos. Yo soy lo único que los une. Estoy seguro que eso les da asco. De cualquier forma, estoy feliz, pues pude responder a los insultos de una mujer extremadamente plástica. Sé que no es bueno contrainsultar a la directora del colegio... pero, se sintió tan bien. ¿Podría contarme un poco de usted? si no quiere, puede decirme como es el mundo real. Yo vivo en paredes de cemento, alfombra, plástico y lucesitas.

Att: Ella.



(La carta de Él se tarda un día en llegar)

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