martes, 23 de noviembre de 2010

9

Él tomó su improvisada maleta y diciendo adiós por toda respuesta, se despidió de Érato sin dar explicaciones. Sin más certidumbre que su propia muerte, caminó... Hasta que algo lo detuviese.
Érato era una mujer joven, serena, cavilosa y peculiar. Sus risos de seda caían cándidos sobre sus delicados hombros y sus labios de rosal perfumaban con una perturbadora fragancia a verdad. Ella no sé quedaba con nada, nada en el tintero. sino era su lengua, eran sus ojos; emulos de la luna, claros y fríos, de azul glacial.
Él la miró antes de partir, ella lo miró con afán de que no lo hiciera.

(Ojos de Él): En está maleta llevo todo lo que hemos vivido.
(Ojos de Érato): Te dejas lo mejor, los mejores recuerdos, las más sutiles cartas. Todas desparramadas en la esquina perdida de está casa olvidada.
(Ojos de Él): Algo te tenía que dejar.
(Ojos de Érato): No quiero tu ausencia.
(Ojos de Él): Aprenderás a quererla como a una hermana, a contarle historias y a tolerar su presencia.

Él se dio media vuelta, libre del hechizo de sus ojos embriagadores. Dando tumbos se marchó, a buscar sus anheladas respuestas.

Ella nunca volvió a sonreír, no hasta aquel día, que por el momento, no recuerdo con claridad...

2 comentarios:

  1. me encantó esta entrada y hay algo sobre tu blog que me llama la atención, te sigo!

    pd: gracias por visitar mis divagaciones

    saludos!

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