El silencio les comió la lengua. Él, Paco y sus otros cuatro amigos, se miraban mutuamente las caras esperando animo o aprobación. Desesperados, se arrancaron palabras a gritos, en busca de un ápice de humanidad; de esa que desperdigaron en el campo de batalla y que ahora se escurría por sus dedos.
el silencio se les comió el alma. Negra de remordimiento.
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