Hoy quiero escribirte luego de mucho tiempo de no hacerlo. Si te preguntas cual fue mi inspiración esta vez, creo que fue el rumor del viento. Al fin y al cabo, lo bueno y lo malo, llega con un soplo y el mundo terminará con un suspiro.
_ Tengo una historia para contar. Me la narró el viento una noche sin luna, tal y como ésta.
_ Pero... si estamos en menguante, mirarla allá_. Señaló Paco al cielo.
_ Es sólo un decir_. Recalcó Pablo a su vez.
_ Tengo una historia para contar _ Continuó Pablo_, pero una promesa que cumplir. Pasa que el viento me hizo prometer que, si él me narraba está historia yo no se la contaría a nadie.
En es ese momento entró Luisa, se sentó en el suelo junto a Paco. Pablo los miraba desde lo alto del muro que lo sustentaba.
_ ¿Para qué quieres una historia que no puedes contar? _. Preguntó con sorna Luisa.
_ No sé, el viento me la contó, yo no se la pedí.
_ Entonces cuéntanos la.
_ No, no puedo hacerle eso al viento, somos amigos.
_ Claro que no, _ gritó Luisa, poniéndose de pie_, si pasas tu vida sin contar a nadie la historia que él te confió, no harás más que morir un día.
_ Si, morirás_ Apoyó Paco, igualmente de pie_. Cuando te mueras te volverás polvo, junto a ese cuento.
_ Y cuando muera...
_ El viento se llevará el polvo de tus huesos, junto a tus ideas y recuerdos.
_ El viento es un egoísta, me mintió.
Los tres de pie, mirándose a la cara, atisbaban a duras penas los rasgos faciales de los demás. Una lucecita ámbar titilante, era lo único que pintaba sus rostros en medio de aquella noche cerrada de luna menguante.
_ Bien, les contaré. Nadie diga nada, pues las paredes oyen y las calles hablan.
Sentados ahora los tres al pie del farol, comenzó la historia acompasada por una trémula orquesta difuminada a la distancia. Tomando aire Pablo...
... Del viento a Pablo...
_ Una vez el viento me contó, que cuando el tiempo era aun muy chico; apenas unos minutos quizá, dos reyes inmemoriales se encontraron para charlar. Ambos eran dueños de cantidades indescriptibles de tierra. Así, una tarde se dieron cita en un jardín de flores azules, arboles amarillos y frutos purpura. Uno ataviado de blanco, esperando magnánimo en una silla de piedra y plumas. El otro vestía de negro, quien bajó de sus pintorescos cuadrúpedos, seudocaballocamello, justo al pie del trono del rey de blanco.
_ Amigo Lan, busco sosiego tras mil penas que me roban las lágrimas_. Saludó el hombre de negro apenas apeado de su bestia.
_ Mi estimado Eg, el corazón y la cabeza son dos tribus en conflicto. Viven del mismo manantial y adoran un mismo dios. Son poderosas fuerzas, combínalas a tu favor, no las roces en lid.
_ No puedo amigo mío, la luna es mi amada imposible, la distancia entre sus brazos y los míos, lo que me mata_. Eg se dejó caer y en él se posaron diez mariposas verdeazuladas.
El rey Lan, magnifico y sagas, con una copa de buen vino en una mano y con una sonrisa de calma en la cara, palmoteó suavemente a su amigo.
_ Querido Eg. Hace muchos años, más de los que me he permitido recordar, fui un hombre completo. El amor me golpeó directo y sin contemplación, chocó con mi alma tiñéndola de anhelo.
_ Cuéntame que hiciste para sacar la mancha_. Interrumpió desesperado Eg.
_ Lo primero que hice fue calmarme, callar y escuchar el sabio clamor de los grillos_. Respondió Lan con alegre reproche.
_ Es una historia que merece tu atención mi amigo Eg. Aquel amor me hizo hombre.
... Del rey Lan al Rey Eg...
Continuará
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