miércoles, 9 de noviembre de 2011

Formula divina de perniciosa ejecución



Si es verdad eso de que Dios nos hizo a imagen y semejanza suya entonces Él es calvo. Don Jorge, el vecino de enfrente, Hombre flaco y malacaroso, pierde el pelo en relación con sus vistas a la iglesia. “A mayores ostias menos folículos”, es la formula divina de perniciosa ejecución. Dios sabrá que clase de peticiones compondrán las plegarias de este señor, un hombre tan anacoreta no desea muchas cosas en la vida.
Como uno de los relojes de Dostoiesky don Jorge sale puntual por el periódico mediocre. Compra un paquete de arepas al mes, saca la basura los martes, un hombre uniformado con los logos de un restaurante de pollo frito le entrega un encargo cada sábado y pese a la lluvia o el frío va tres veces a misa los domingos.
Lo sé porque lo espío desde hace tres meses. Me fascina hasta tal punto que he comenzado a escribir una bitácora con sus movimientos y mis conjeturas acerca de lo que ocurre adentro. Tengo en estricto orden sus horarios y las acciones que ejecuta con más regularidad en determinados momentos del día. en una carpeta anexa tengo fotos de sus salidas, con ellas registro su vestimenta y el tamaño de su calva. Con todo ello quiero comprobar que la fe fuera de mover montañas tumba el pelo. Algo así es pernicioso para los hombres solos. 
Es martes. Me entra entran malas ganas de fotografiar el metodo con el que anuda las bolsas de basura. Es tarde, cuatro de la tarde, lo asecho como un jaguar en entre los juncos. La puerta no se mueve ni el viento sopla. Atardece, las cortinas se mueven, la impaciencia me come vivo y yo la alimento con gusto. Una mujer joven se asoma por la ventana. Nos miramos con malicia.
Es domingo. Me aventuro a pararme frente a su puerta con cámara en mano. Hace días que no hay movimiento y empiezo a temer que haya muerto de un infarto a causa del pollo frito. Cuelo el ojo por un pequeño espacio entre las cortinas; atrás guindo dos siluetas. Me apretujo contra el cristal, veo dos personas abrazadas, besándose, enmarañadas en un complot de placer contra todo espectador. El le lame los pechos con ternura, ella le acaricia el pelo mientras resopla como una locomotora. Él la enchufa sin quitarle la falda, ella lanza un gemido que me golpea en la cara. Él sigue besando sus pechos, los muerde, está a punto de arrancarlos; ella le arranca un trozo de pelo y se frota las piernas. Al parecer el contacto con aquel mechón la sobre excita.
Como no conseguí darle foco a la cámara me resigné a recordarlos ya sólo en mi casa. Rasgué las fotos y las quemé junto a la bitácora. Rompí la cámara contra el suelo. Vendí todos mis muebles, mi ropa y mis libros. Me compre un crucifijo de plata labrado con experticia por algún monje europeo y lo colgué en la pared de mi cuarto. Todos los días, a la misma hora, me arrodillo e imploro con la esperanza de quedarme calvo.

Amnecia

Mensajeras silenciosas
una a una
marchando suavemente.
Silencio y amencia que no atino a apreciar.

Una sonrisa corta

Un hombre parpadea. Cierra los ojos. No puede abrirlos. Lo consigue. Sonríe.

Ser y culpar

Junto al verbo ser se gesta la culpa, uno de sus hermanos indeseados. Tras ellos, absurdeses, rencores, frustración, sentimientos de culpa mezclados con impotencia. Sin reparos, ni persona, dado que somos nosotros mismos los culpables y los inquisidores, el dedo que señala nuestro reflejo en el espejo no es otro que nuestra inmanente posibilidad de ser y el recuerdo incólume de nuestra incompetencia. El verbo ser es complicado, porque existir requiere de mil arandelas. -Justificarse para actuar,actuar para vivir, vivir porque se supone que es lo que hace la gente normal.
Actos de subsistencia en los que muchas veces el dolor, la incomodidad o la incertidumbre acompasan el salir y el entrar del sol.

Los tres jóvenes se instalaron bajo una ventana, la del segundo piso dele edificio de cinco plantas y enarbolaron la botella de ron antes de abrirla. La excitación del viaje le dio paso a la ebriedad, ahora si, la ebriedad...
En las últimas horas no he podido puntillar ni un sólo párrafo afortunado. Muchas ideas de poca ejecución. Todo vuela en bríos de tormenta. Pero como nubes lejanas es más que pantomima. Es gris desanimo de imposibilidades. Sólo queda la su-realidad cuando en la propia no hay puntos ni comas.

lunes, 31 de octubre de 2011

Farolas

Creo que tengo mucho de quimera. Mi personalidad, mi psique y la composición de mi cuerpo son una conjugación entre una rana platanera y un volumen de "platero y yo", aderezado con algo de mono aullador. Pero más que nada tengo gustos de polilla. Lo creo porque amo caminar mirando las farolas. Las luces de la avenida, las del parque, más que el pasto o la carretera me atraen, con sus amarillos cansados, siempre a punto de extinguirse. Me recuerdan a esos celadores tristes de voces trémulas que guardan el sueño de personajes que los ignoran, patéticos, siempre al filo del sueño premeditado. Mientras afuera uno intenta no caer dormido, otro, tranquilo y con dinero no puede pegar el ojo.
Vaya asco de mundo.

Tengo gustos de polilla, lo sé, porque siempre me choco contra bombillos que no dan calor para mí. Me quemo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Punto y coma

Laura ama a Jorge, Daniel a María; ni Jorge conoce a María ni ella lo distingue a él, pero ambos odian su ciudad natal y no han podido huir; Ramón es policía desde hace más de 15 años; Santiago quiere suicidarse por motivos inexplicables; Juan yace muerto sobre la banca de un parque, con las risas de los niños divirtiéndose en los juegos como telón de fondo; Luis a penas si respira, no ama nada y poco le importa.
Todos menos Juan están vivos. Todos existen. A la urbe no le importa. Está compuesta por seres menesterosos, hechos de pulsos y suspiros. Sin más esperanza que la de encontrar su destino cruzando la calle.

martes, 4 de octubre de 2011

Sin incógnita

Seamos sinceros. Soy un pésimo lector y un peor cinefílo. Soy, no por ser, sino por existir, un charlatán afortunado de ardides automáticos. Escribir, pese a lo que pueda haberles dicho, no se me da bien; lo hago quizá porque no tengo más objeto para justificar mi existencia que la de consignar ideas. Soy y no por ser, sino por mi imposibilidad para no existir, un reclacitrante inmarcesible, un ser redundante, una manifestación bípeda y solida de la peor perogrullada, un eterno pleonasmo. ¿Quién soy al fin y al cabo? ¿una respuesta? Estoy lejos de responder con acierto a mis preguntas, pues nunca me formulé un interrogante que valiera la pena. Soy, quizá, para no ir más lejos, una resolución sin incógnita.

Días de diario

En días como hoy me salta la idea de empezar un diario clichesudo* en un cuaderno viejo y ajado. Pero en días como este la pereza ronda mi casa, usa la llave de dotación que le entregué en alguna ensoñación mal habida y me ataca, por la espalda. No me da tregua. Quizá por eso decida comenzarlo en linea, para así ahorrar tinta y papel. Mi caligrafía, todo hay que decirlo, deja mucho que desear, al igual que algunos de mis yerros ortográficos. La web es uno de esos grandes lugares donde evadir mis errores y potenciar mis virtudes.

Así que, con disimulo, comenzaré un diario aquí o en "tres puntos y aparte", blog abandonado por demás. Para ver en unos años como era el pasado, si mi forma de ver el mundo es la misma o si, por el contrario, estoy menos equivocado que ayer.


*Clichesudo, da adj.: lleno de clichés.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Camino a hacerme un despojo


Me he decidido a arruinarme, a hacerme despojo, pero con estilo. Comenzaré poniendo a un lado el mundo terrenal, me sumergiré en mundo de letras y ensueño de 35mm. Respiraré y comeré algo de mal arte y me premiaré sensualmente con algunas obras finas. Caminaré sobre lomos de libros, viajaré por película, escribiré mi vida para vivirla otra vez. No recordaré, salvo si es necesario, no me quedaré en suspiros viejos, seguiré con la mirada larga y abogaré por gustos más cortos. Conoceré los caprichos y vicios de mi época, mas intentaré que no me amedrenten, pues de otro modo habré perdido mi esencia. Sin convicciones habré perdido todo por lo que luché.
Viviré, me daré ese aire. Respiraré mirando el cielo y degustaré las mieles de la tierra. Seré escatológico, ridículo, sincero, cruel y déspota, al menos una vez al mes, para así nivelar mi balanza. Ser odiado, querido, repudiado, segregado. Seré un humano. Al final del viaje, tras arruinarme, me habré recompuesto.

martes, 20 de septiembre de 2011

No más

Eso de escribir parece que se me olvidó. Hilvanar frases ya no es lo mío. Como si algo, un no sé que con tufo a anís me robara las palabras o me arrebatara las ganas. Y lo intento una vez más frente al teclado, en orquesta de plástico vibrante, dígitos premeditados de una historia mal contada. Y al final, me gusta.

martes, 13 de septiembre de 2011

Tiempos de octubre

A tiempos de octubre huele el aire, a mañana fría, a tarde rancia. A algo amargo huele el destino. Gris. Sin animo.

Luciérnaga... Titilas

Ella, afectuosa luciérnaga titila. Y no sé si rojo o verde, pero titila. Te veo dar vueltas en el aire, bella y sonriente, con tus alas en ademan de alegría. La encuentro en días de poca lluvia dormida y serena, para perseguirla en las noches de luna menguante. La sigo loco con los ojos grises sin captar su color, si rojo o verde. Y se posa sobre una rama, yo la veo desde abajo, ella me mira y alumbra. Sigo sin saber, si rojo o verde.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Papel maché

Muchos como yo, gustosos de las letras, pretendemos escribir. Y no encontramos la paz. No sé si bien o mal, pero lo intentamos y nos jactamos de ello. Pero en ocasiones la labor sufre algún tropiezo que desmotiva al escritor, hasta el punto de abandonar todos sus sueños de trascendencia, vida editorial y vida eterna inmortalizada en 200 hojas de papel impresa. Esos problemas, como tantos me atormentan a mí.

Quizá menciono todo esto con el animo de creerme parte de un gremio exclusivo al que solo se accede por meritocracia. Un circulo de escritores empedernidos que no lo hacen bien, pero que con recalcitrante ademan repiten el ejercicio una y otra vez, dando como resultado cantidades exorbitantes de basura literaria que podrían tapizar el gran cañón y aún sobrar para darle una segunda capa. La vida es como el papel maché. Sí, es así de simple, es un juego continuo entre unir partes por medio de recortes de pasado y algo de engrudo.

Y pese a todo, a las entradas sucesivas, a la lectura juiciosa, a la vida contemplativa, nunca sé sobre que escribir... porque sólo escribo por hacerlo. En ello, al menos yo, encuentro paz.

viernes, 19 de agosto de 2011

historias inacabadas 5

De mi universidad a la avenida Santander hay poco más de dos cuadras. Por ser Manizales, no es extraño pensar que esas cuadras son en falda. Por lo general, cuando pretendo subir el declive hasta el paradero de buses, por lo general, veo a la distancia el colectivo que me llevaría hasta a casa alejarse ignorante de mi necesidad de transporte. En este punto, en el que parece que toda esperanza es vana, que el mundo es gris y que caerás en una profunda depresión quedan dos alternativas: Correr y gritar en pos de que te oigan o resignarte a esperar otro.

Hoy en la mañana volví a sufrir tal improperio del destino, salvo que esta vez preferí pensar en que mi camino se bifurcada de manera especial por tomar otro bus y no ese. Sería pues una decisión con aspecto insulso que podría cambiar el cariz de toda mi existencia.

martes, 28 de junio de 2011

Quimeras

En mi vida, que ha sido corta, me he propuesto muchas cosas. Algunas las he conseguido, ahora no recuerdo cuales; otras tantas se quedaron a medio empezar, con ese aire doblemente deprimente que tienen los objetos medio terminados, que no son una ni otra cosa; la gran mayoría, quimeras todas, ni las emprendí.

El punto ahora es que esto de escribir, y eso del cine han sido mis principales proyectos. Podría incluso llamarlos ambiciones o incluso caprichos. Un día sentí que era mi camino, que las letras o el séptimo arte me darían un día con que comer o al menos amenguarían con felicidad el hambre. Y hoy no sé, tal vez miedo, tal vez incertidumbre sea lo que me pone a pensar en si debieran mis ademanes de literato o cineasta parar a la pila de quimeras a medio comer. De cualquier forma le temo a la crítica, tanto los que desmiembran mis "obras" como los que me alegan por abandonarlas.

Escribiendo esto me entero de que el miedo es el principal motor de mis acciones. Acciones evasivas desde luego. Y no sólo negarme o mentir con excusas improvisadas, sino agendar mi vida para evitar mis temores, construir todo un aparataje psicológico que me mantenga feliz tras evitar situaciones que de enfrentarlas me hubiesen terrado.

Tal vez el temor a la crítica me desanima a crear y mostrar. Quizá uno de mis grandes proyectos no debiera ser el del colage de letras o plegar mil gruyas y pegarlas del techo; sino el de desarticular mis miedos, ponerlos en evidencia y desterrarlos.

Si, en mi vida me he propuesto muchas cosas, tontas algunas de ellas. Otras tantas cambian mi vida.

martes, 31 de mayo de 2011

Dos hombres de sombrero

Esta es la historia de dos hombres. Ambos vestidos de traje formal, encorbatados y de sombrero. Uno, cuyas prendas eran de color café, tenía un divertido bigote de manija y una fuerte voz de tenor. Era cantante en un coro, segunda voz en un cuarteto y se ganaba algunos pesos extra, que su oficio como psicólogo no le ofrecía, interpretando baladas a pedido en algunos bares del bajo mundo.

El segundo, siempre de negro, era un artista genial. O al menos eso creía él. Su compañía teatral acababa de fracasar y su esposa de morir. Sin hijos, sin casa, sin familia, andaba las calles contando cuentos sin final a las personas apeadas en el parque y tocaba la armónica, eso sí, con gran maestría.

Era de noche. Ese viernes llovía un poco, las calles reflejaban las luces de los grandes letreros. Los transeúntes iba y venían, entraban a los bares. En uno de tantos, en el "nube negra" una de las canciones más famosas, o más desesperadas del famoso cantautor Carlos Arturo, interpretada por nuestro hombre de café le llamó la atención al adinerado doctor Hernandez. En realidad, fue su esposa Clara María de Hernandez, fanática empedernida de Carlos Arturo la que exhortó a su esposo de ofrecerle a aquel hombre de bigote gracioso cantar para ellos en casa todos los jueves durante 3 meses. Oferta que el hombre no desaprovechó.

Al mismo tiempo, intentando protegerse de la lluvia, el hombre de negro, esta vez sin sombrero, se escampaba en el zaguan de una casa en la que minutos antes le dieron algo de comer a cambio de algunas historias para los niños. Curiosamente, un día antes, una falla en el fluido eléctrico sobrecargó la linea y quemó todos los radios del sector. En un pueblo donde la gente muere al aburrirse demás, era mejor, casi necesario pagarle al hombre de los cuentos sin final antes que conformarse con ver la lluvia.

La historias de simios eran sus favoritas. Se sabía cerca de una docena de cuentos sobre el tema y a todos les daba giros inesperados para que en cada relato hubiese algo diferente. Después de todo a aquel hombre de las historias le gustaba divertirse también con sus cuentillos. Su favorito, sobre todos los demás, era uno en el que un simio gracioso, mascota de un hombre ricachón, huye de su jaula y entra a un orfanato a hacer destrozos.

Pasaron dos jueves. Las canciones favoritas de la señora de Hernandez hicieron vibrar su vajilla china, los cubiertos de plata y la cristalería. Tonadas desgarradoras, villancicos alegres, palladas graciosas, todo el repertorio que tenía a su disposición el hombre de café, mientras los Hernandez comían voraces estofados y cocidos vaporosos. Fue luego de cantar "el azulejo y el turpial", afamado himno de los amantes platonicos, cuando la empleada del servicio le entregó su vaso de agua de rigor, además de algunos cumplidos junto a sonrisas coquetas.

el hombre de café hace algo que le disgusta a la familia, lo echan y el tiene que salir corriendo.

El hombre de negros e encuentra eld e café

Hablan se conocen

le propone una obra de teatro

El hombre de negro incluye mucho de su vida pasada

El hombre de café lleva la máquina de antigravedad

el día del estreno, el hombre de negro sabe que no regresará
su esposa y su vida idílica yacen en las lineas de esa obra y abandonarla sería privarse de todo lo que ama-

domingo, 29 de mayo de 2011

El verbo ser y la rosa



Reflexionando...

El verbo ser es uno de esos verbos complicados. De esos que se padecen, que no abandonan sino tras un tiro bien dado, o un desparpajado acto suicida. ¿Qué se yo? De cualquier forma parece difícil y aferrándome a su naturaleza, digamos, conjugacional, echando mano una palabra desafortunada, y sintiéndome totalmente seguro de mí mismo, me atrevo a decir sin miramientos que es un verbo complicado.Lo repito hasta el paroxismo, complicado. Luego de todo esto también me atrevo a decir: El verbo ser, sin saber mucho que es, sino apenas la categoría gramatical que ostenta, debe pasarla mal.

Tras la ventana

Fue tras mi ventana, una mañana cualquiera, como la de todos los días en este rincón del globo, cuando tres amigos caminaban por la calle confiados en el mañana. Quien sabe que pensarían, no soy Dios, pero me gusta pretender serlo cuando me siento solo y algo aburrido. Pasa que ese día no tenía mucho que hacer y acompañado no estaba, de otro modo no estaría mirando por la ventana. Así que me fijé y detallé.

Quien encabezaba el grupo era un hombre rubio, que en mi omnisciencia circunstancial consideraba de 25 años y 4 meses, de talle alto y cejas pobladas. Marcaba sus pasos con desenfado y su sonrisa me recordaba una cantina en climax, más allá de la media noche. Eso sí, Pese a todo, no diría que estuviese borracho, eso de andar beodo por la calle es un estado mucho más complejo como para determinarse por una mueca, en ese punto se asemeja mucho al verbo ser, aunque en este caso la ebriedad tomaría visos de adjetivo. Y de cualquier modo, desinhibirse no es un estado privativo del borracho. Tras él y con sonrisas similares, un joven de escasos 20, para ser precisos 19 y 8 meses, un tanto más bajo que el del frente y ataviado con camisa de manga larga, caminaba recto y firme junto a la rosa que llevaba en la mano derecha. Un pájaro trinó de repente y junto al joven formal, otro, de ojos claros que aporreaba el sol, miró el azulejo que canturrió y se fue. Todos andando por la calle, todos padeciendo sonrisas etílicas, todos seguros de que sobrevivirían a esa noche.






Yo, que ahora soy Dios, reflexiono.

Sin ánimos de ser blasfemo me considero a partir de este punto un ser omnisciente y todo poderoso, actor y creador de un teatro imaginario de vida, en la que personajillos andan y desandan sus pasos seguros de su persistencia en el mundo. Salvo que... ese mundo no existe, esa historia no es real y que el verbo ser es un personaje más.

Mientras escribía esta historia me preguntaba Carlos, uno de mis distantes amigos imaginarios, el porqué de un nombre tan largo para un personaje prescindible. Le dije, desde luego, que "el verbo ser" era una de mis creaciones predilectas, y si bien, no era más que otro personaje de alguna de esas historias inconexas, a diferencia de él (Carlos, el imaginario), al verbo no lo había matado aún.
Pasa que se enfadó, y su reacción era de esperarse. Primero Dijo que nada de esto tenía sentido, echó una mesa abajo, rompió los muebles, me escupió en la cara, se llevó un reloj que tenía en la pared, cantó tres canciones viejas en la guitarra antiquísima de mi armario y prometió nunca más volver. Y tras el portazo no pude hacer nada. Desde luego, tenía que darle la razón.


Llegando a casa de Sofía




Si, ya me acordé, era sábado en la mañana. Tres bajaban la cuesta que conecta la avenida central con la casa de adobes. De esas cuya arquitectura se me escapa, pero pretendo saberlo dada mi investidura divina.



Si leyó hasta aquí, cosa que me sorprende, porque tanta pendejada indigna, la historia que prometí tácitamente contarle cuando usted comenzó a leer, la continuaré otro día.

Las fotos son mías. Que conste.


viernes, 20 de mayo de 2011

Hipo

No digamos nada. Dejemos de concluir. Mirémonos fijo, esbocemos sonrisas sardónicas. Incentivemos la discusión, que este silencio me quita el hipo.

Destino en 35mm

Al parecer, las buenas películas que hallamos por casualidad se perfilan más interesantes. Esos films que en realidad no pretendíamos encontrar, pero por alguna razón ajena a nosotros termina reproduciéndose en el DVD, en el YOUTUBE o -para los nostálgicos- el VHS. Todo tal y como si ellas nos hubiesen encontrado a nosotros, nos arrastraran a su encuentro, nos mensajiaran en clave y nos susurraran una formula para desencriptar ese código.Veo entonces, esas películas fortuitas como grandes tesoros.

Yo, y gracias a mi dislexia, al rebuscar palabrejas en el google, doy con más de una página inadvertida. En algunas ocasiones termino en lugares que sonrojan las mejillas. Pero, cuando mi gusto cinefilo está de buenas, termino en la reseña de una cinta recién estrenada, un clásico a pulso o un fiasco. En cualquiera de los casos, una película fortuita para recordar como lo que fue, un gesto del azar para conmigo.


martes, 17 de mayo de 2011

Yo 1

Más que soportarme en la distancia, Yo, indirectamente le exijo calma.

martes, 10 de mayo de 2011

Eso me saca de quicio.

De este mundo todo me desquicia. En primera medida lo incomprendido, que por el simple hecho de estar escondido a mi entendimiento se me hace odioso. Luego está lo preconcebido, aquello que todos dan por sentado y nadie se atreve a preguntar, reñir o cambiar. Eso me saca de quicio.


jueves, 5 de mayo de 2011

Tú, el cuarto y el espejo



Imagínate frente a un espejo. Tú, en un cuarto pequeño pintado de blanco, te miras inescrupulosamente cada parte de tu cuerpo desnudo. Allí te encuentras con las puntas de tu pelo y el brillo de tus ojos, el ángulo de tu nariz y el matiz de tus labios. También encuentras tus brazos cuyos codos tocan tu ombligo y sus manos, que son las tuyas, cubren tu sexo. Pero, recuerdas de repente tus ademanes inescrupulosos. Es cuando descubres tus “vergüenzas” y reivindicas tus genitales.

Tras detallar tus pies y todo lo que te interesa de tus piernas, tocas el espejo con la punta de la nariz y las yemas de los dedos. No se empaña. Miras tu reflejo, le observas con incredulidad, pensando en ti. Ríes, te deshaces en sonrisas al ver tu reflejo imitar a pie juntillas tus movimientos. Muecas grotescas o guiños coquetos, todo tipo de movimiento pruebas. Hasta que de repente te cansas, entonces esas carcajadas se tornan resoplidos iracundos, estertores que se oyen mientras intentas superar en velocidad, elasticidad, elocuencia o coordinación a tu homologo del espejo. Ahora lo odias.

Intentas vencerle hasta el agotamiento. Tu reflejo, al igual que tú, luce cansado, así que te acompaña en el suelo a reposar. Ambos se miran, sin hipocresía, pues el odio en sus miradas electrifica el aire y no intentan disimularlo de ninguna forma. El pequeño cuarto se llena de rencor que empaña las paredes, las pinta de rojo, negro y de azul. Te hallas de pronto con un martillo en la mano, tu mirada se nubla, tu odio te domina y dejas de llamarte como suelen hacerlo para pasar a ser la palabra animadversión.

Levantas el martillo, esbozas satisfacción en tu boca, que al otro lado del cristal muestra terror y sorpresa. Tu reflejo se aparta, se escandaliza y tú, enarbolando el arma ríes estrepitosamente y rompes el cristal de un solo golpe, fuerte, certero. Ahora resoplas o lloras, gimes, pataleas, nadie te mira. El cuarto es todo negro, todo rojo, todo azul y no te miras. Los cristales rotos no muestran miniaturas de tu figura ni partes de tu humanidad. Ahora imagínate frente al martillo ensangrentado, susurrándole a las paredes desnudas, que eso era todo lo que realmente querías. Entonces, te acurrucas y lloras.

lunes, 11 de abril de 2011

Pensamientos divergentes... intro

Bien lo sabes o si no te lo digo

En mis brazos encontraras cálido abrigo

No sólo lo digo como el más sincero amigo

Sino como quien te quiere, el que siempre sueña contigo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Para la esquina olvidada 1


De: Anónimo
Para: La esquina olvidado


Una frustrante angustia se apoderó de mí hace tres días y no me ha abandonado. Ahora, mis únicos placeres son alebrestar me en la cama, dormir y no levantarme al otro día. Pese a todo, sigo el estado de vigilia que me obligan mis responsabilidades, mas no significa que lo soporte con buena cara. No sé siquiera porqué escribo en lugar de lanzarme clavado a las almohadas.

Además de la angustia, de la cual ya soy intimo amigo, una sensación de ironía adereza mis días. Uno de los motivos de despertar quizá sea el preguntarme como sabe la ironía, como se siente, huele o grita. Pero la ironía, que yo llamo "í" (con tilde se ve más linda) para guardar energía, se presenta cada vez que recuerdo como la angustia es lo único que no me abandona.

No tengo palabras, o mejor dicho, letras, para explicar con certeza el origen de tan vacuo dolor. Me apresuraría a decir con tono execrable que todo esto es un capricho. Pese a que hay quién este dispuesto a oírlo, no quiero decirlo. Me aterroriza la idea de darme cuenta.

sábado, 26 de marzo de 2011

Algún lugar donde quepan cosas...


Una cadena de plata rodeaba su cuello marfileño. Sus ojos claros se perdían en las montañas difuminadas más allá del valle. Un sedoso pelo largo acaricia sus hombros a cada paso, rumbo a la casa perdida entre la peculiar montaña.


Él la encontró luego de escribirle un número poco relevante de cartas. Ella se dio cuenta de lo que decía su mirada en el momento mismo de su primer encuentro.

Por motivos adversos se separaron, sin promesa de reencontrarse. Cada uno por su lado en ademan de olvido.

Algunos personajes detuvieron el trasegar errabundo y depresivo de Él. Obligandolo, al principio con dificultad a pasar unos meses en la gran casa de la colina. Así la esquina olvidada del mundo lo acogío como un hijo predilecto y Él murió por 3 meses.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Carta silenciosa

De: Él
Para: Ella


Mujer...

Tal parece que dejé de escribirte por motivos prácticos. Tengo la certeza de que las palabras de antaño cobran nueva luz tras la ausencia y el silencio. También es cierto que mis múltiples cartas amalgamaron una tradición de frases absurdas y metáforas cansadas que, a la larga, crearon toda una rutina, que ninguno de los dos desea seguir. Empiezo a creer que es mejor así.

Dejaré de hacerlo por un tiempo, bueno, al menos dejaré de mandártelas, porque pese a todo, escribirtelas sigue siendo un placer. Quizá, apilándolas una sobre otra, llegue a comprender la soledad de mis palabras y, presa de una pasión desembocada te las envié, una a una con fracción de segundos. A la larga, sólo quiero hacerlo porque nunca lo he hecho, porque privarme de ello me hace apreciarlo y distanciarme me hará valorarlo.

Quizá vos, en medio de mis silencios puedas suplirme; enviar cartas sin remitentes a una dirección ficticia, firmando con autores falsos y describiendo lugares que jamás existirán. Podrías y, uso el subjuntivo con todo gusto, dejarte llevar por este lado de las letras que sé que es tan tuyo como mio.

Quiero que estés ahí cuando te lleguen todas juntas.


Él

martes, 22 de febrero de 2011

Epistola perdida

De Él
Para: Ella

Esto de escribir no es tan ingrato como parece desde el otro lado del libro. He estado mandándote algunos folios con mis divagaciones, los sentimientos más recurrentes, pero, según creo, tan primorosamente expresados como puedo hacerlo. Uno que otro personaje, para que ambos, con luna o con vino, sin luna y con vino, con luna y sin vino o contigo y nada más, le demos vida y los pongamos a andar una vez más.
Mujer, no nos perdamos; nuestras siluetas, tan bien conocidas por nosotros, son lo mejor que tenemos. No quiero tampoco vivir de recuerdos, eso es de viejos que la luna y el vino les saben amargo.
Quiero que queramos, vino, luna... no sé, querer, así no sea bien querido, pero en el fondo mil veces estimado. Disfrutar. Sabe bien que quiero quererla, con o sin vino, con o sin luna.


Él

sábado, 19 de febrero de 2011

Ultimo. 2.0


Los grillos comenzaban a cantar y ellos a sonreír, presas de una complicidad sublime.

En sus ojos, en los cuatro, fijos, serenos, lágrimas de sinceridad y estima manaban para recorrer los suaves caminos del rostro jovial y caer en las palmas amorosas de aquel que limpia el rostro anegado de quien más estima. Ambos, abrazados con fuerza, imaginaban las horas ajenas aquel parque, el futuro inminente lejos de ella, de la persona de brazos cálidos. Se imaginaban solos, para disfrutar de la compañía que en ese momento de luces de farol tenían. Imaginando, para recordar la sensación de que la distancia era una burla y de que ellos nunca se disolverían.

miércoles, 26 de enero de 2011

E

Las primeras palabras que cruzaron estuvieron enmarcadas entre interrogantes, tímidos y discretos. Ella, escurriendo una camiseta, tendiéndola al sol, le pidió con gesto servil, pero gentil, que quitase sus pies de piedra del lugar donde se secaría la prenda bajo el azul implacable de aquel miércoles interminable. Él lo hizo, él sonrió. Ella lo miró fijamente buscándolo en sus recuerdos. abiertos los ojos y con la boca preparada, en el momento justo en el que el recuerdo la aflija y el nombre de Él los rencontraría efusivamente, Uriel se levantó esgrimiendo un mapa. Mató el recuerdo.

domingo, 23 de enero de 2011

P

No se conocían ninguno de los dos, pero Él no puedo contener una sensación de familiaridad en esos ojos de miel tostada.

lunes, 10 de enero de 2011

Último

Él y Ella, sentados en el pasto, a penas iluminados por un farol de parque, flanqueados por la luna y ambientados por el susurro del viento se miraban a los ojos.

- Por todo lo bello te pido que no te quedes. Todo pasa, todo va y viene, en frenesí.

- Pero...- Refutó Ella con estrépito antes de que Él le cerrara la boca con un delicado dedo.

- Lo que se estanca se pudre, así como el agua es lo bello.

Los grillos comenzaron a cantar y ambos a sonreír.

miércoles, 5 de enero de 2011

Antes de 2 y no es 1

Me levanté de súbito de la cama, porque tenía que. No hacerlo era irreal, trasgresor y absurdo. Así que, para contentar al mundo que me ignora, me levanté una vez más de mi lecho de plomo e hice pies de viento. Hasta el baño, bajo el agua, las partes inequívocas e irremplazables de mi humanidad que todos se molestan en ocultar de mis ojos. Casi con el mismo fervor, casi con el mismo horror represado se encargan de mantener las mías lejos de los suyos.

Ese día, ya con ropa, me desperté de un transe inducido por la rutina. Me había aseado como dicta la costumbre con el mismo semblante que me acompañó durante ocho horas mal contadas de sueño. Estaba despierto, si, pero no vivo. Sonreí.

En la calle, alfombrado de pestilencia, de miedo y esperanza, el panorama no era más alentador que el que había marcado las primeras horas de mi mañana. Pues en esas personas que se supone acompañan mi estadía en la ciudad no muestran mejor careta que la que tengo yo en el bolsillo. Y no les creo, pues juego a lo que juegan; se jugar y se ganar.

martes, 4 de enero de 2011

Pi

Lo que quiero es quererla

Quisiera observarla muda en un rincón olvidado y creo que la he visto una o dos veces, en esa esquina pérdida, ignorada por el mundo, el polvo y el llanto. Me gustaría, más que un bocado de vida, encontrarla sentada pura y silente, en esa esquina entapetada que escapa de las amarguras, y creo, con una mano en el pecho, que somos vecinos irremediables. Quisiera, y con sinceridad de la buena, que mis letras, mi índice, o la punta de mi nariz, tocaran una de sus orejas y le dijeran, sin prisa, que la quiero.

Porque Lo que quiero es quererla… Y creo que lo hago.


PJJ




Él sostuvo ante sus ojos por unos segundos más, el pequeño pedaso de papel que recogió del suelo manchado de letras. Lo releyó intentando aprehender al menos una frase para esgrimirla en alguna ocasión.