miércoles, 9 de noviembre de 2011
Formula divina de perniciosa ejecución
Amnecia
una a una
Silencio y amencia que no atino a apreciar.
Ser y culpar
Actos de subsistencia en los que muchas veces el dolor, la incomodidad o la incertidumbre acompasan el salir y el entrar del sol.
lunes, 31 de octubre de 2011
Farolas
domingo, 30 de octubre de 2011
Punto y coma
martes, 4 de octubre de 2011
Sin incógnita
Días de diario
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Camino a hacerme un despojo
Me he decidido a arruinarme, a hacerme despojo, pero con estilo. Comenzaré poniendo a un lado el mundo terrenal, me sumergiré en mundo de letras y ensueño de 35mm. Respiraré y comeré algo de mal arte y me premiaré sensualmente con algunas obras finas. Caminaré sobre lomos de libros, viajaré por película, escribiré mi vida para vivirla otra vez. No recordaré, salvo si es necesario, no me quedaré en suspiros viejos, seguiré con la mirada larga y abogaré por gustos más cortos. Conoceré los caprichos y vicios de mi época, mas intentaré que no me amedrenten, pues de otro modo habré perdido mi esencia. Sin convicciones habré perdido todo por lo que luché.
martes, 20 de septiembre de 2011
No más
Eso de escribir parece que se me olvidó. Hilvanar frases ya no es lo mío. Como si algo, un no sé que con tufo a anís me robara las palabras o me arrebatara las ganas. Y lo intento una vez más frente al teclado, en orquesta de plástico vibrante, dígitos premeditados de una historia mal contada. Y al final, me gusta.
martes, 13 de septiembre de 2011
Tiempos de octubre
Luciérnaga... Titilas
lunes, 5 de septiembre de 2011
Papel maché
viernes, 19 de agosto de 2011
historias inacabadas 5
martes, 28 de junio de 2011
Quimeras
martes, 31 de mayo de 2011
Dos hombres de sombrero
domingo, 29 de mayo de 2011
El verbo ser y la rosa
viernes, 20 de mayo de 2011
Hipo
Destino en 35mm
martes, 17 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
Eso me saca de quicio.
jueves, 5 de mayo de 2011
Tú, el cuarto y el espejo
Imagínate frente a un espejo. Tú, en un cuarto pequeño pintado de blanco, te miras inescrupulosamente cada parte de tu cuerpo desnudo. Allí te encuentras con las puntas de tu pelo y el brillo de tus ojos, el ángulo de tu nariz y el matiz de tus labios. También encuentras tus brazos cuyos codos tocan tu ombligo y sus manos, que son las tuyas, cubren tu sexo. Pero, recuerdas de repente tus ademanes inescrupulosos. Es cuando descubres tus “vergüenzas” y reivindicas tus genitales.
Tras detallar tus pies y todo lo que te interesa de tus piernas, tocas el espejo con la punta de la nariz y las yemas de los dedos. No se empaña. Miras tu reflejo, le observas con incredulidad, pensando en ti. Ríes, te deshaces en sonrisas al ver tu reflejo imitar a pie juntillas tus movimientos. Muecas grotescas o guiños coquetos, todo tipo de movimiento pruebas. Hasta que de repente te cansas, entonces esas carcajadas se tornan resoplidos iracundos, estertores que se oyen mientras intentas superar en velocidad, elasticidad, elocuencia o coordinación a tu homologo del espejo. Ahora lo odias.
Intentas vencerle hasta el agotamiento. Tu reflejo, al igual que tú, luce cansado, así que te acompaña en el suelo a reposar. Ambos se miran, sin hipocresía, pues el odio en sus miradas electrifica el aire y no intentan disimularlo de ninguna forma. El pequeño cuarto se llena de rencor que empaña las paredes, las pinta de rojo, negro y de azul. Te hallas de pronto con un martillo en la mano, tu mirada se nubla, tu odio te domina y dejas de llamarte como suelen hacerlo para pasar a ser la palabra animadversión.
Levantas el martillo, esbozas satisfacción en tu boca, que al otro lado del cristal muestra terror y sorpresa. Tu reflejo se aparta, se escandaliza y tú, enarbolando el arma ríes estrepitosamente y rompes el cristal de un solo golpe, fuerte, certero. Ahora resoplas o lloras, gimes, pataleas, nadie te mira. El cuarto es todo negro, todo rojo, todo azul y no te miras. Los cristales rotos no muestran miniaturas de tu figura ni partes de tu humanidad. Ahora imagínate frente al martillo ensangrentado, susurrándole a las paredes desnudas, que eso era todo lo que realmente querías. Entonces, te acurrucas y lloras.
lunes, 11 de abril de 2011
Pensamientos divergentes... intro
Bien lo sabes o si no te lo digo
En mis brazos encontraras cálido abrigo
No sólo lo digo como el más sincero amigo
Sino como quien te quiere, el que siempre sueña contigo.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Para la esquina olvidada 1
sábado, 26 de marzo de 2011
Algún lugar donde quepan cosas...
miércoles, 23 de marzo de 2011
Carta silenciosa
martes, 22 de febrero de 2011
Epistola perdida
sábado, 19 de febrero de 2011
Ultimo. 2.0
miércoles, 26 de enero de 2011
E
domingo, 23 de enero de 2011
P
lunes, 10 de enero de 2011
Último
miércoles, 5 de enero de 2011
Antes de 2 y no es 1
Me levanté de súbito de la cama, porque tenía que. No hacerlo era irreal, trasgresor y absurdo. Así que, para contentar al mundo que me ignora, me levanté una vez más de mi lecho de plomo e hice pies de viento. Hasta el baño, bajo el agua, las partes inequívocas e irremplazables de mi humanidad que todos se molestan en ocultar de mis ojos. Casi con el mismo fervor, casi con el mismo horror represado se encargan de mantener las mías lejos de los suyos.
Ese día, ya con ropa, me desperté de un transe inducido por la rutina. Me había aseado como dicta la costumbre con el mismo semblante que me acompañó durante ocho horas mal contadas de sueño. Estaba despierto, si, pero no vivo. Sonreí.
En la calle, alfombrado de pestilencia, de miedo y esperanza, el panorama no era más alentador que el que había marcado las primeras horas de mi mañana. Pues en esas personas que se supone acompañan mi estadía en la ciudad no muestran mejor careta que la que tengo yo en el bolsillo. Y no les creo, pues juego a lo que juegan; se jugar y se ganar.
martes, 4 de enero de 2011
Pi
Lo que quiero es quererla
Quisiera observarla muda en un rincón olvidado y creo que la he visto una o dos veces, en esa esquina pérdida, ignorada por el mundo, el polvo y el llanto. Me gustaría, más que un bocado de vida, encontrarla sentada pura y silente, en esa esquina entapetada que escapa de las amarguras, y creo, con una mano en el pecho, que somos vecinos irremediables. Quisiera, y con sinceridad de la buena, que mis letras, mi índice, o la punta de mi nariz, tocaran una de sus orejas y le dijeran, sin prisa, que la quiero.
Porque Lo que quiero es quererla… Y creo que lo hago.
PJJ
Él sostuvo ante sus ojos por unos segundos más, el pequeño pedaso de papel que recogió del suelo manchado de letras. Lo releyó intentando aprehender al menos una frase para esgrimirla en alguna ocasión.