Una cadena de plata rodeaba su cuello marfileño. Sus ojos claros se perdían en las montañas difuminadas más allá del valle. Un sedoso pelo largo acaricia sus hombros a cada paso, rumbo a la casa perdida entre la peculiar montaña.
Él la encontró luego de escribirle un número poco relevante de cartas. Ella se dio cuenta de lo que decía su mirada en el momento mismo de su primer encuentro.
Por motivos adversos se separaron, sin promesa de reencontrarse. Cada uno por su lado en ademan de olvido.
Algunos personajes detuvieron el trasegar errabundo y depresivo de Él. Obligandolo, al principio con dificultad a pasar unos meses en la gran casa de la colina. Así la esquina olvidada del mundo lo acogío como un hijo predilecto y Él murió por 3 meses.
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