Eso de escribir parece que se me olvidó. Hilvanar frases ya no es lo mío. Como si algo, un no sé que con tufo a anís me robara las palabras o me arrebatara las ganas. Y lo intento una vez más frente al teclado, en orquesta de plástico vibrante, dígitos premeditados de una historia mal contada. Y al final, me gusta.
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