Quizá menciono todo esto con el animo de creerme parte de un gremio exclusivo al que solo se accede por meritocracia. Un circulo de escritores empedernidos que no lo hacen bien, pero que con recalcitrante ademan repiten el ejercicio una y otra vez, dando como resultado cantidades exorbitantes de basura literaria que podrían tapizar el gran cañón y aún sobrar para darle una segunda capa. La vida es como el papel maché. Sí, es así de simple, es un juego continuo entre unir partes por medio de recortes de pasado y algo de engrudo.
Y pese a todo, a las entradas sucesivas, a la lectura juiciosa, a la vida contemplativa, nunca sé sobre que escribir... porque sólo escribo por hacerlo. En ello, al menos yo, encuentro paz.
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