domingo, 28 de noviembre de 2010

20

Ambos se abandonaron a sí mismos para ver el atardecer sentados en la colina. A sus ojos, el sol caía y el pueblo se encendía.

-Abuelo ¿por qué los humanos lloran?
-porque no pueden volar.

Se miraron y sonrieron.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

2


-Esta es una corta historia hecha de cortas historias, hiladas en un gran ovillo. Esté huso peculiar, de forma web y color multicromático nos sirve de interprete a todos...

Así comenzó el anciano a contar su historia a un grupo de niños y dos parejas que pasaban su tarde en el cuadrado verde de yarumos y veraneras llamado parque.

Rascándose la barbilla queriendo rememorar, comenzó la historia con voz serena y afable. Todos lo escuchaban obnubilados, muchos fijos en sus ojos casi blancos, otros en su barba larga y enmarañada.

- Esta es la historia de un número indefinido de personajes, separados entre si por números. Es esa la razón por al que todos le tienen fobia a contar y el tiempo en aquel lugar no se marca como acá...

Se detuvo para dejar que una paloma se posara en su mano.

Ya los conocerán...

martes, 23 de noviembre de 2010

(sin número)

Dos niños jugaban con una paloma muerta. Uno de ellos le pasó un palo a la niñita de rosado para que la punzara. Ambos se miraron con complicidad y rieron. La punzo, la punzo, la punzo...

La paloma seguía viva.

9

Él tomó su improvisada maleta y diciendo adiós por toda respuesta, se despidió de Érato sin dar explicaciones. Sin más certidumbre que su propia muerte, caminó... Hasta que algo lo detuviese.
Érato era una mujer joven, serena, cavilosa y peculiar. Sus risos de seda caían cándidos sobre sus delicados hombros y sus labios de rosal perfumaban con una perturbadora fragancia a verdad. Ella no sé quedaba con nada, nada en el tintero. sino era su lengua, eran sus ojos; emulos de la luna, claros y fríos, de azul glacial.
Él la miró antes de partir, ella lo miró con afán de que no lo hiciera.

(Ojos de Él): En está maleta llevo todo lo que hemos vivido.
(Ojos de Érato): Te dejas lo mejor, los mejores recuerdos, las más sutiles cartas. Todas desparramadas en la esquina perdida de está casa olvidada.
(Ojos de Él): Algo te tenía que dejar.
(Ojos de Érato): No quiero tu ausencia.
(Ojos de Él): Aprenderás a quererla como a una hermana, a contarle historias y a tolerar su presencia.

Él se dio media vuelta, libre del hechizo de sus ojos embriagadores. Dando tumbos se marchó, a buscar sus anheladas respuestas.

Ella nunca volvió a sonreír, no hasta aquel día, que por el momento, no recuerdo con claridad...

domingo, 21 de noviembre de 2010

12



Dos jóvenes, vestidos con pulcras túnicas, se miraban con complicidad escondidos tras unos arboles de olivo. La joven, de cabello cobrizo y ojos de miel, ostentaba una sonrisa graciosa, serena y amplia; tan amplia que abrazaría el mediterráneo. Él era menos agraciado. Muy alto y un poco cuadrado. Lisonjeando a su compañera se pasaba las tardes.

-Tu, mea stella est.
-Tace!- Le ordenó, sonrojándose.
- Mea dea, mea parva puella.- Insistió él, besando entusiasmado la pequeña mano de porcelana de la joven.



Mefisto se despertó. Era uno de esos sueños recurrentes que lo atormentaban con regularidad. Dejó a un lado el libro que estaba leyendo antes de caer dormido y se levantó de la hamaca, jurandose no volver a leer M. T. Cicerón antes de la siesta de medio día. "Stellae viam nautis monstrant!" aun revoloteaba en su cabeza.

sábado, 20 de noviembre de 2010

35

-¿Quién eres?- Preguntó la joven, retorciendo la camiseta enjabonada que tenía en sus manos.
-Otra vez con esa dichosa pregunta- Respondió Él con vehemencia, sentándose en una piedra cerca al rió.
-¿Y tú amigo?- Señaló Ella a Uriel, que organizaba los trebejos en su maletín unos centímetros más atrás de la discusión.
-De él sabes tanto como yo. Nos encontramos en la selva y a penas y salimos de ella en una sola pieza.
-Ociosos- Rió Ella, remojando por última vez la camiseta en la corriente.- Así que no sabes quién eres.
-Pues no. Para ser honesto no. Lo único que me diferencia de los demás es mi inalterable facultada para soñar.
-¿soñar despierto?
-Algo así.
-Que lindo.
-ummm... si tú lo dices...

Ella tendió al sol la camiseta verde olivo. Él la miraba con la vista perdida. Soñando.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

8

Por esas pequeñas cosas que pasan y no despiertan una duda, Érato, ensimismada en un libro voluminoso, dejo de sonreír. La lluvia era la misma. Las nubes, el sol, la ausencia, todo igual... pero algo había cambiado. Cerró el libro, salió a mojarse, Él la esperaba con una maleta.

(27)

viernes, 12 de noviembre de 2010

30

Una selva tupida, compuesta por helechos de todos los tamaños, juncos del grosores alucinantes, flores de colores caleidoscópicos, rocas prismáticas y aguas cristalinas parecían absorber a Uriel a cada paso de su cansada huida. Su pelo negro, empapado por la lluvia, golpeaba cadencioso su frente y por momentos cubría los ojos grises que se abrían sorprendidos ante la selva infinita. Atrapado, fugitivo, perdido y solitario, Uriel sufría el peso de su equipaje, aumentado por el de su conciencia. Había robado algo valioso a personas que no poseen más que sus creencias.

5

Apeado del bus y con un libro en la mano izquierda, Él, cruzó la avenida que separa la ciudad de su pequeño cuarto, perdido en los bajos de una vieja casa familiar. Tarareando una canción que horas después terminaría repudiando, abrió la puerta y entró su libro. Detrás, su cuerpo cansado y taciturno. Su cuarto no era precisamente el común denominador del hogar amoblando, pero tenia un colchón grueso y mullido para soportar sus sueños y una lampara para iluminar sus textos. A solas con su libro, no pudo más que disfrutarlo sin siquiera leerlo.

Pasar los dedos por las páginas virginales de aquel libro nuevo, escuchar el rose de las hojas entre sí, como suspiros quedos de placer vulgar, le devolvieron la sonrisa y la alegría que la tarde le robó. Ese momento de intimidad entre él y aquel libro recién comprado, esculpían una sonrisa en el templo de sus ojeras.

Tumbado en la cama recordó la mañana.

(1)

jueves, 11 de noviembre de 2010

10

-Que buen momento...

Diciendo esto se fue a dormir.

lunes, 8 de noviembre de 2010

15

En medio de la calle, en el centro del tapete del devenir de carros y exostos, un recogedor de basura verde olivo, parecía despedirse del mundo con un ademan indiferente. Desde todas las esquinas del lugar, el elemento de aseo suicida se veía decidido.

- ¡No lo hagas!- Gritó con estrépito una mujer ataviada de delantal, guantes enjabonados y una olla en la mano-, sé que he abusado de ti, que te he hecho cargar más de lo que debes, que duermes en el patio y pasas el día empolvado, pero no te mates por favor.
Él ni se inmutó. Los carros cruzaban la avenida compitiendo contra el viento, esquivando a penas al recogedor insensato.

- Te arrepenti...- intentó terminar su frase, pero sus palabras se fueron volando junto a las astillas y el barullo del plástico desternillado contra el pavimento.

domingo, 7 de noviembre de 2010

7

La paloma se posó muy cerca de la banca. A la sombra, un perro callejero mascaba un hueso moteado de carne. el ave currucutió, dejó un maíz junto al can y salió volando sin dejarle espacio al perro de entregarle su hueso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

22

Ojalá siempre fuese así. Ojalá los día soleado siempre auguraran días claros.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

3

A punto de entrar en ese palacio infranqueable por la mirada, días itinerantes aprisionaban mis emociones. No daba más, ya sea pensar en la libertad ad portas o que el cielo se encuentre con la lluvia, Temor a defraudarlos a todos tenía él. sobre todo, temor a defraudarse a si mismo.

martes, 2 de noviembre de 2010

27

Quise justificarme de alguna manera. Era tarde y lo sabía, ningún pretexto valía ante la mirada inefable del reproche. Siempre he intentado evitar los "peros", siempre hago lo indicado. Esta vez, las dos circunstancias eran dignas acciones del ser y yo, entre ambas, Fucilado.

6

Al azar escogí un número. "El que más me gusta" pensé, para luego descubrí que todo era un ardid del cartelito que frente a mí, me llamaba con vivos colores a perderme en el consumo. Pese a todo, indicando con un lápiz rojo el número electo, lo recalqué con un circulito y me dije: "Jamás lo pensaré de nuevo". Así, manipulado, caminé.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Uno

Semidespierto vi la estela del mundo dibujarse tras la cortina. No auguraba la tarde mejor ademan que el de llover incansable hasta muy entrada la tarde. ¿Y así pretendía levantarme? ¿sin razones y con garantías empañadas?