domingo, 24 de octubre de 2010
El hilo azul
domingo, 17 de octubre de 2010
Mito citadino
Una noche, una farola, parada indiferente en una calle solitaria, miró con desdén al cielo y a las estrellas. Sintiéndose ignorada, lanzó un grito tan fuerte que sacudió el firmamento.
La luna, que recién se levantaba, miró extrañada a la insolente lámpara. pese a todo, se dirigió a ella con voz dulce y cortés
- ¿ Que quieres pequeña luz, que llamas tanto a nuestro cielo?
- Quiero que mi luz y la de mis hermanas sea la más bella de la noche. Ustedes nos opacan- Argumentó la lámpara decidida.
- ¿que propones?- Interrogó extrañada la luna.
- Un duelo entre mis hermanas y las estrellas. Tu serás la juez amiga luna.
La luna pidió un día para pensarlo. Luego de discutirlo con las estrellas, indignadas todas ellas por la afrenta que les hacían tan terrenales faros, aceptaron con unanimidad todas ellas cuando se puso a votación la situación en el consenso de los astros. Todas menos una, la cual, entre otras coas no era una estrella. Era Venus, rebelde, luminosa y bella, criticada por sus hermanas por ser planeta
Llegó la noche de la competencia
Todos los faros en una larga avenida miraron al cielo y las estrellas jactanciosas observaban desde arriba. La Luna miró a ambas facciones con tención y dio las reglas de la competencia con voz temblorosa.
- Las demandantes quieren una competencia por el monopolio de las luces de la noche. desde este momento y hasta que salga el sol, contaremos cada vez que los humanos se detengan a observarlas, el equipo que más vistazos tenga se queda con la noche.
Así pasaron las horas. Ninguna de las partes podía decir una palabra para llamar la atención, los humanos debían mirar a cada una por sus encantos y no por sus subterfugios.
El sol contó los votos al otro día y cuando llegó la noche se los cedió a la luna al atardecer. Ella, aclarándose la garganta se dirigió a ambos equipos, listos e impacientes.
- Ya está el conteo. Al parecer, los humanos no gustan de ver para arriba. Pocos tuvieron la audacia de perder tres segundos de su tiempo para contemplar la inmensidad de puntitos sobre sus cabezas.
>>Por el contrario, la gran mayoría, se preocupaba por ver las luces encendidas en la calle y así procurarse seguridad, que su carro no se rayara o que un maleante no los emboscara. A los humanos les importa verse las caras, reparase entre sí, envidiarse e imitarse. Es algo que su naturaleza les exige aun en la noche. Las estrellas son poco luminosas, no son suficientes. Así pues, los faros ganan
Tras el conmovedor discurso de la luna, las perdedoras, presas de una magia insospechada, comenzaron a difuminarse en el pastel azul oscuro del cielo nocturnino.
El faro líder, quien encabezó la revolución, se arrepintió viendo desaparecer a sus contrincantes. Ahora las luces de la ciudad estaban solas
el cielo se puso naranja
y las nubes violetas
Ahora sólo brillaba en lo alto un puntito débil, Venus, la rebelde, quien lejos de su naturaleza de estrella, había evadido el contrato de la competencia.
Desde aquel entonces la luna le acompaña, tomando aire hasta donde puede, hinchándose para iluminar, intentando mitigar el silencio de las estrellas perdidas sobre el cielo de la ciudad.
Ahora, las lámparas avergonzadas, bajan la cabeza e iluminan el suelo, arrepentidas de la osadía a las que las arrastró la envidia.
FIN
Es un mito citadino, para los que se preguntan el porqué no salen las estrellas en la ciudad.
viernes, 15 de octubre de 2010
La barra del bar.
martes, 12 de octubre de 2010
ápice...
domingo, 10 de octubre de 2010
Ideas!
lunes, 4 de octubre de 2010
Carta.......
¿Qué le dijo un rey al otro? Amigo Él (espero poder llamarte amigo), no me dejes quemandome en ascuas, que no me gusta marinar en la salmuera de la incógnita. Tienes esa mala costumbre de no terminar tus historias, ¿Es que no te gustan? Parece que las abandonaras. Al menos yo las leo, por si es eso lo que te preocupa, sé que muchos más quisieran leerlas. Bueno, Hablo por mí.
Te cuento que hoy intenté ir a la tienda sola, un pequeño negocio que no queda a más de una cuadra de mi casa. Según mi madre mi camiseta florida no es acorde con la moda otoñal. Yo me le rió en la cara y le recuerdo que aquí ni siquiera hay otoño, que despertamos a diario en la parte más álgida del trópico, que vivimos pegados al monte y rodeados por la selva más alucinante del mundo. Es curioso, Mi madre se limita a romperme la boca. Pero no te escandalices, comprendela, es de pocas palabras. Hablar poco y actuar pronto, al parecer, es la moda.
Te escribiré pronto, si terminas tu historia,
Un abrazo
Att: Ella °-°