jueves, 5 de mayo de 2011

Tú, el cuarto y el espejo



Imagínate frente a un espejo. Tú, en un cuarto pequeño pintado de blanco, te miras inescrupulosamente cada parte de tu cuerpo desnudo. Allí te encuentras con las puntas de tu pelo y el brillo de tus ojos, el ángulo de tu nariz y el matiz de tus labios. También encuentras tus brazos cuyos codos tocan tu ombligo y sus manos, que son las tuyas, cubren tu sexo. Pero, recuerdas de repente tus ademanes inescrupulosos. Es cuando descubres tus “vergüenzas” y reivindicas tus genitales.

Tras detallar tus pies y todo lo que te interesa de tus piernas, tocas el espejo con la punta de la nariz y las yemas de los dedos. No se empaña. Miras tu reflejo, le observas con incredulidad, pensando en ti. Ríes, te deshaces en sonrisas al ver tu reflejo imitar a pie juntillas tus movimientos. Muecas grotescas o guiños coquetos, todo tipo de movimiento pruebas. Hasta que de repente te cansas, entonces esas carcajadas se tornan resoplidos iracundos, estertores que se oyen mientras intentas superar en velocidad, elasticidad, elocuencia o coordinación a tu homologo del espejo. Ahora lo odias.

Intentas vencerle hasta el agotamiento. Tu reflejo, al igual que tú, luce cansado, así que te acompaña en el suelo a reposar. Ambos se miran, sin hipocresía, pues el odio en sus miradas electrifica el aire y no intentan disimularlo de ninguna forma. El pequeño cuarto se llena de rencor que empaña las paredes, las pinta de rojo, negro y de azul. Te hallas de pronto con un martillo en la mano, tu mirada se nubla, tu odio te domina y dejas de llamarte como suelen hacerlo para pasar a ser la palabra animadversión.

Levantas el martillo, esbozas satisfacción en tu boca, que al otro lado del cristal muestra terror y sorpresa. Tu reflejo se aparta, se escandaliza y tú, enarbolando el arma ríes estrepitosamente y rompes el cristal de un solo golpe, fuerte, certero. Ahora resoplas o lloras, gimes, pataleas, nadie te mira. El cuarto es todo negro, todo rojo, todo azul y no te miras. Los cristales rotos no muestran miniaturas de tu figura ni partes de tu humanidad. Ahora imagínate frente al martillo ensangrentado, susurrándole a las paredes desnudas, que eso era todo lo que realmente querías. Entonces, te acurrucas y lloras.

lunes, 11 de abril de 2011

Pensamientos divergentes... intro

Bien lo sabes o si no te lo digo

En mis brazos encontraras cálido abrigo

No sólo lo digo como el más sincero amigo

Sino como quien te quiere, el que siempre sueña contigo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Para la esquina olvidada 1


De: Anónimo
Para: La esquina olvidado


Una frustrante angustia se apoderó de mí hace tres días y no me ha abandonado. Ahora, mis únicos placeres son alebrestar me en la cama, dormir y no levantarme al otro día. Pese a todo, sigo el estado de vigilia que me obligan mis responsabilidades, mas no significa que lo soporte con buena cara. No sé siquiera porqué escribo en lugar de lanzarme clavado a las almohadas.

Además de la angustia, de la cual ya soy intimo amigo, una sensación de ironía adereza mis días. Uno de los motivos de despertar quizá sea el preguntarme como sabe la ironía, como se siente, huele o grita. Pero la ironía, que yo llamo "í" (con tilde se ve más linda) para guardar energía, se presenta cada vez que recuerdo como la angustia es lo único que no me abandona.

No tengo palabras, o mejor dicho, letras, para explicar con certeza el origen de tan vacuo dolor. Me apresuraría a decir con tono execrable que todo esto es un capricho. Pese a que hay quién este dispuesto a oírlo, no quiero decirlo. Me aterroriza la idea de darme cuenta.

sábado, 26 de marzo de 2011

Algún lugar donde quepan cosas...


Una cadena de plata rodeaba su cuello marfileño. Sus ojos claros se perdían en las montañas difuminadas más allá del valle. Un sedoso pelo largo acaricia sus hombros a cada paso, rumbo a la casa perdida entre la peculiar montaña.


Él la encontró luego de escribirle un número poco relevante de cartas. Ella se dio cuenta de lo que decía su mirada en el momento mismo de su primer encuentro.

Por motivos adversos se separaron, sin promesa de reencontrarse. Cada uno por su lado en ademan de olvido.

Algunos personajes detuvieron el trasegar errabundo y depresivo de Él. Obligandolo, al principio con dificultad a pasar unos meses en la gran casa de la colina. Así la esquina olvidada del mundo lo acogío como un hijo predilecto y Él murió por 3 meses.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Carta silenciosa

De: Él
Para: Ella


Mujer...

Tal parece que dejé de escribirte por motivos prácticos. Tengo la certeza de que las palabras de antaño cobran nueva luz tras la ausencia y el silencio. También es cierto que mis múltiples cartas amalgamaron una tradición de frases absurdas y metáforas cansadas que, a la larga, crearon toda una rutina, que ninguno de los dos desea seguir. Empiezo a creer que es mejor así.

Dejaré de hacerlo por un tiempo, bueno, al menos dejaré de mandártelas, porque pese a todo, escribirtelas sigue siendo un placer. Quizá, apilándolas una sobre otra, llegue a comprender la soledad de mis palabras y, presa de una pasión desembocada te las envié, una a una con fracción de segundos. A la larga, sólo quiero hacerlo porque nunca lo he hecho, porque privarme de ello me hace apreciarlo y distanciarme me hará valorarlo.

Quizá vos, en medio de mis silencios puedas suplirme; enviar cartas sin remitentes a una dirección ficticia, firmando con autores falsos y describiendo lugares que jamás existirán. Podrías y, uso el subjuntivo con todo gusto, dejarte llevar por este lado de las letras que sé que es tan tuyo como mio.

Quiero que estés ahí cuando te lleguen todas juntas.


Él

martes, 22 de febrero de 2011

Epistola perdida

De Él
Para: Ella

Esto de escribir no es tan ingrato como parece desde el otro lado del libro. He estado mandándote algunos folios con mis divagaciones, los sentimientos más recurrentes, pero, según creo, tan primorosamente expresados como puedo hacerlo. Uno que otro personaje, para que ambos, con luna o con vino, sin luna y con vino, con luna y sin vino o contigo y nada más, le demos vida y los pongamos a andar una vez más.
Mujer, no nos perdamos; nuestras siluetas, tan bien conocidas por nosotros, son lo mejor que tenemos. No quiero tampoco vivir de recuerdos, eso es de viejos que la luna y el vino les saben amargo.
Quiero que queramos, vino, luna... no sé, querer, así no sea bien querido, pero en el fondo mil veces estimado. Disfrutar. Sabe bien que quiero quererla, con o sin vino, con o sin luna.


Él

sábado, 19 de febrero de 2011

Ultimo. 2.0


Los grillos comenzaban a cantar y ellos a sonreír, presas de una complicidad sublime.

En sus ojos, en los cuatro, fijos, serenos, lágrimas de sinceridad y estima manaban para recorrer los suaves caminos del rostro jovial y caer en las palmas amorosas de aquel que limpia el rostro anegado de quien más estima. Ambos, abrazados con fuerza, imaginaban las horas ajenas aquel parque, el futuro inminente lejos de ella, de la persona de brazos cálidos. Se imaginaban solos, para disfrutar de la compañía que en ese momento de luces de farol tenían. Imaginando, para recordar la sensación de que la distancia era una burla y de que ellos nunca se disolverían.