miércoles, 30 de marzo de 2011

Para la esquina olvidada 1


De: Anónimo
Para: La esquina olvidado


Una frustrante angustia se apoderó de mí hace tres días y no me ha abandonado. Ahora, mis únicos placeres son alebrestar me en la cama, dormir y no levantarme al otro día. Pese a todo, sigo el estado de vigilia que me obligan mis responsabilidades, mas no significa que lo soporte con buena cara. No sé siquiera porqué escribo en lugar de lanzarme clavado a las almohadas.

Además de la angustia, de la cual ya soy intimo amigo, una sensación de ironía adereza mis días. Uno de los motivos de despertar quizá sea el preguntarme como sabe la ironía, como se siente, huele o grita. Pero la ironía, que yo llamo "í" (con tilde se ve más linda) para guardar energía, se presenta cada vez que recuerdo como la angustia es lo único que no me abandona.

No tengo palabras, o mejor dicho, letras, para explicar con certeza el origen de tan vacuo dolor. Me apresuraría a decir con tono execrable que todo esto es un capricho. Pese a que hay quién este dispuesto a oírlo, no quiero decirlo. Me aterroriza la idea de darme cuenta.

sábado, 26 de marzo de 2011

Algún lugar donde quepan cosas...


Una cadena de plata rodeaba su cuello marfileño. Sus ojos claros se perdían en las montañas difuminadas más allá del valle. Un sedoso pelo largo acaricia sus hombros a cada paso, rumbo a la casa perdida entre la peculiar montaña.


Él la encontró luego de escribirle un número poco relevante de cartas. Ella se dio cuenta de lo que decía su mirada en el momento mismo de su primer encuentro.

Por motivos adversos se separaron, sin promesa de reencontrarse. Cada uno por su lado en ademan de olvido.

Algunos personajes detuvieron el trasegar errabundo y depresivo de Él. Obligandolo, al principio con dificultad a pasar unos meses en la gran casa de la colina. Así la esquina olvidada del mundo lo acogío como un hijo predilecto y Él murió por 3 meses.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Carta silenciosa

De: Él
Para: Ella


Mujer...

Tal parece que dejé de escribirte por motivos prácticos. Tengo la certeza de que las palabras de antaño cobran nueva luz tras la ausencia y el silencio. También es cierto que mis múltiples cartas amalgamaron una tradición de frases absurdas y metáforas cansadas que, a la larga, crearon toda una rutina, que ninguno de los dos desea seguir. Empiezo a creer que es mejor así.

Dejaré de hacerlo por un tiempo, bueno, al menos dejaré de mandártelas, porque pese a todo, escribirtelas sigue siendo un placer. Quizá, apilándolas una sobre otra, llegue a comprender la soledad de mis palabras y, presa de una pasión desembocada te las envié, una a una con fracción de segundos. A la larga, sólo quiero hacerlo porque nunca lo he hecho, porque privarme de ello me hace apreciarlo y distanciarme me hará valorarlo.

Quizá vos, en medio de mis silencios puedas suplirme; enviar cartas sin remitentes a una dirección ficticia, firmando con autores falsos y describiendo lugares que jamás existirán. Podrías y, uso el subjuntivo con todo gusto, dejarte llevar por este lado de las letras que sé que es tan tuyo como mio.

Quiero que estés ahí cuando te lleguen todas juntas.


Él