Volví a ver anime con el mismo fervor de antaño. Una pasión casi dogmática me unió a varias series durante estos efímeros días de vacaciones. ahora, cuando recien he terminado el último capitulo de una de ellas, las emociones bajo la luna, ante las luces discretas de la ciudad y en el patio de la casa olvidad florecen y espinan mi alma sin cesar.
Me siento solo, más ajeno que nunca al conato de mundo que he pretendido construir a lo largo de todos estos años de trasegar ininterrumpido. No importa ya cuantas veces he respirado en mi vida, sin embargo, trato de recordar cuantas ya quienes he alentado. Me siento solo... estoy feliz. Aquel sentimientos de soledad es el resquicio de oscuridad que quedó en mi luego de aquellos años de luces apagadas y amores no correspondidos. Y así, viendo vidas falsas en otro idioma, hecho mano de la mía y la acaricio como mi única compañera, agradecido de vivir mis decisiones.
Es extraña la proximidad que tiene la sensación de soledad con la de felicidad. tanto así que no podía discernir y me he puesto a escribir cosas sobre mi yo ajeno al mundo, los apagones de las luces que se escurren por mi ventana y el frió lapídeo del balconcillo de cemento que supone el patio de aquella casa ya antes mencionada y mil veces redundada.
Saboreando su nombre me iré a dormir, recordándola pasaré mis noches y presa de una felicidad ininteligible retornaré a la rutina recordando lo que Ella ha hecho en mi vida. pues ella a cambiado los suspiros de antaño en certidumbre de hoy. Dulce, suave y cálida compañía
el ánime me deja una sensación ciertamente parecida.
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