Cuando los grillos gritan y la tarde huele a oscuridad, no me queda más que engañar la nostalgia con tres pelotas y un piano.
domingo, 25 de julio de 2010
Ella, fantasma...
Entre más gráciles vuelan las pelotas en mis manos a razón de mi cada vez más creciente habilidad para malabarear, el sonido de la Bossa Nova y las fotocopias perpetuas sobre la radio difuminan el rostro de Ella. Quizá lo había mencionado antes, sino es el caso aprovecho para hacerlo. Ella representa la ausencia de su piel acanelada y su voz de cielo despejado. Ella, no es más que la imposibilidad, la distancia, la trashumancia, la fuga. Ella mide mis horas de ensueño, con Ella puedo contar mis momentos de ausencia y mis letargos enamorados. Ahora, en medio de la ocupación, de aferro de la rutina para no sentir el vacío que me arrastran a la locura. La extraño con el peso inmarcesible que inspiró un personaje y la amo con la pasión irremediable que me lleva a personificar desventuras y aciertos junto a la mujer de los cabellos de noche, aliento a atardecer.
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