martes, 18 de mayo de 2010

¡Que más da!


Pablo Iba en el bus naranja cuando la catedral cantó a doce campanadas. El sonido del motor en marcha y el bullir de la gente al cenit del medio día se mezclaban con los inconfundibles clamores cúpricos de la parroquia. ¡Que más da! era solo una iglesia y él quería llegar a su destino.
El auto no superaba los 30 kilometros cuando se sumergió en el embotellamiento tortuoso de las calles en hora pico. Mientras el bus cadenciosamente se detenía a intervalos regulares; por la ventana que daba a su asiento Pablo miraba un par de palomas volar, una muy cerca de la otra. ¿Serán pareja? se preguntó, poniendo los dedos sobre su barbilla. ¿Serán amantes furtivos, presa de una pasión alevosa entre dos aves que se desean pero no se pertenecen? El carro comenzó a avanzar tímidamente. ¡Que más da! son un par de condenadas palomas, odiadas por muchos e ignoradas por el otro tanto. Después de todo, él quería llegar a su destino.
Pasaron diez, o veinte minutos, él no lo sabia con exactitud, la noción del tiempo es algo que se deja en la puerta del bus al subir y que se recoge al descender. Le parecia que ya estaba llegando, pues los paisajes urbanos que tenia a lado y lado le comenzaban a parecer particularmente familiares. Iba a decirle al conductor que parara el bus, más otro pasajero lo hizo primero e igualmente bajó del bus antes que él, con una prisa que Pablo no terminaba de comprender.
No tenia que, pero le dio las gracias al conductor antes de bajar. Caminando por el anden a su casa se interrogó por ese hecho. pero.... ¡Que más da! es simple gratitud y él quería llegar por fin a su destino y pensar un poco en Ella y en su paradero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario