Los invito a todos a leer mi otro blog: "tres puntos y aparte". Allí subiré paulatinamente fragmentos de la historia de "Él y Ella". Con que alguien lo lea estaré a gusto.
jueves, 27 de mayo de 2010
jueves, 20 de mayo de 2010
Si, soy feliz....
Si, soy feliz por un par de perfectas estupideces. Por un lado cometo las insensateces que quiero recordarles con malicia a mis nietos y por el otro, no me ciño a la conformidad de las decisiones del mundo, las hago parte de un acuerdo universal entre mi criterio y la fortuna.
martes, 18 de mayo de 2010
¡Que más da!

Pablo Iba en el bus naranja cuando la catedral cantó a doce campanadas. El sonido del motor en marcha y el bullir de la gente al cenit del medio día se mezclaban con los inconfundibles clamores cúpricos de la parroquia. ¡Que más da! era solo una iglesia y él quería llegar a su destino.
El auto no superaba los 30 kilometros cuando se sumergió en el embotellamiento tortuoso de las calles en hora pico. Mientras el bus cadenciosamente se detenía a intervalos regulares; por la ventana que daba a su asiento Pablo miraba un par de palomas volar, una muy cerca de la otra. ¿Serán pareja? se preguntó, poniendo los dedos sobre su barbilla. ¿Serán amantes furtivos, presa de una pasión alevosa entre dos aves que se desean pero no se pertenecen? El carro comenzó a avanzar tímidamente. ¡Que más da! son un par de condenadas palomas, odiadas por muchos e ignoradas por el otro tanto. Después de todo, él quería llegar a su destino.
Pasaron diez, o veinte minutos, él no lo sabia con exactitud, la noción del tiempo es algo que se deja en la puerta del bus al subir y que se recoge al descender. Le parecia que ya estaba llegando, pues los paisajes urbanos que tenia a lado y lado le comenzaban a parecer particularmente familiares. Iba a decirle al conductor que parara el bus, más otro pasajero lo hizo primero e igualmente bajó del bus antes que él, con una prisa que Pablo no terminaba de comprender.
No tenia que, pero le dio las gracias al conductor antes de bajar. Caminando por el anden a su casa se interrogó por ese hecho. pero.... ¡Que más da! es simple gratitud y él quería llegar por fin a su destino y pensar un poco en Ella y en su paradero.
viernes, 14 de mayo de 2010
No quiero creer
No quiero creer que la vida es sólo el reconcomio de nuestros recuerdos y la convergencias de los consejos ajenos. Me gustaría que la vida fuese algo más efímero y a la vez complejo. He decidido creer que la vida no esta hecha para ser reflexionada, no es para encontrarle una respuesta; mas cobra significado cuando dedicamos nuestros días a descubrir todo lo demás. Al final, cuando la creemos perdida, todo tendrá sentido si no nos la pasamos buscándole uno a la vida.
En las nubes no hay prudencia

Oí un silbido y una duda desafiante. No hice caso y continué caminando. Volvió a chiflar la misma persona y su tono languidecido por la altura que separaba su boca de mi oreja me daba la confianza de continuar mi camino sin necesidad de mirar atrás. Luego, alguien le respondió, igual de desafiante, sereno, con una flema jocosa que en cualquier momento estallaría en risa. Ambos se lanzaron improperios en broma y rieron de las circunstancias. Aquella era una de las pocas veces en las que un hombre parado en el piso 14 de un edificio en obra negra insulta en broma a los peatones e impreca a sus compañeros.
Reflexione y sonreí. Todo en fracción de segundos (y no estoy diciendo que sea un analítico superdotado y ultra veloz), envidié por breves instantes la libertad de aquel obrero en su lontananza y de la impunidad que le daba la altura. Añoré por segundos la flexibilidad de sus palabras y la inexistente censura que hay tan cerca de las nubes.
Respiré y aclaré mi sonrisa, continué mi paso veloz. Traje a mi mente por unos segundos más la cara extasiada del obrero desparpajado y recordé, disolviendo totalmente mis ansias de ocupar su lugar, que al final del día tendría que bajar del edificio por el pequeño andamio y respetar la ley mortal de la prudencia.
lunes, 3 de mayo de 2010
La tontería está más allá del bien y del mal.

Todos una vez en la vida precisamos sentirnos deliberadamente estúpidos. De ahí el afán injustificado por romper las reglas, descompensar relaciones, buscar nuevas experiencias en lo prohibido y la necesidad de hacer reír a alguien o de que alguien se ria de nosotros. Claro, Tontos queremos vernos reflejados en el espejo inexpugnable de la tez ajena. Tras un aliento prolongado, un disfrute casi inconsciente de ese estado de humillación auto inducido es la conclusión del suceso. Así, después de superar todos los rostros, dejar atrás todas las miradas e ignorar todos los susurros, una sonrisa equivalente a diez sueños cumplidos redondea nuestra cara. Si, al fin nos hemos sentido deliberadamente estúpidos. Ahora somos idiotas por convicción, y eso esta más allá de los comentarios de quienes quieren pero no pueden sentirse deliberadamente estúpidos. La tontería está más allá del bien y del mal.
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