lunes, 5 de marzo de 2012

ola

Antes de enterarme de que la perdía sufrí la peor depresión que jamás me haya azotado. No por ella, pues la mujer de mis letras terminó zarandeada por la misma ola de duda y tristeza que me anegaba las entrañas. Y así comenzó a difuminarse, a recordar su libertad, a desestimar me. No, la depresión estribaba en un ego falso, una certidumbre de superioridad que no suponía más que fachadas. Por eso estoy solo.

1 comentario:

  1. La soledad siempre es dolorosa, hay que aceptarla, pero no creo que seamos culpables de merecerla.

    Un abrazo, Pablo.
    Recuerda que realmente nunca estamos solos.

    V

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