miércoles, 9 de noviembre de 2011

Formula divina de perniciosa ejecución



Si es verdad eso de que Dios nos hizo a imagen y semejanza suya entonces Él es calvo. Don Jorge, el vecino de enfrente, Hombre flaco y malacaroso, pierde el pelo en relación con sus vistas a la iglesia. “A mayores ostias menos folículos”, es la formula divina de perniciosa ejecución. Dios sabrá que clase de peticiones compondrán las plegarias de este señor, un hombre tan anacoreta no desea muchas cosas en la vida.
Como uno de los relojes de Dostoiesky don Jorge sale puntual por el periódico mediocre. Compra un paquete de arepas al mes, saca la basura los martes, un hombre uniformado con los logos de un restaurante de pollo frito le entrega un encargo cada sábado y pese a la lluvia o el frío va tres veces a misa los domingos.
Lo sé porque lo espío desde hace tres meses. Me fascina hasta tal punto que he comenzado a escribir una bitácora con sus movimientos y mis conjeturas acerca de lo que ocurre adentro. Tengo en estricto orden sus horarios y las acciones que ejecuta con más regularidad en determinados momentos del día. en una carpeta anexa tengo fotos de sus salidas, con ellas registro su vestimenta y el tamaño de su calva. Con todo ello quiero comprobar que la fe fuera de mover montañas tumba el pelo. Algo así es pernicioso para los hombres solos. 
Es martes. Me entra entran malas ganas de fotografiar el metodo con el que anuda las bolsas de basura. Es tarde, cuatro de la tarde, lo asecho como un jaguar en entre los juncos. La puerta no se mueve ni el viento sopla. Atardece, las cortinas se mueven, la impaciencia me come vivo y yo la alimento con gusto. Una mujer joven se asoma por la ventana. Nos miramos con malicia.
Es domingo. Me aventuro a pararme frente a su puerta con cámara en mano. Hace días que no hay movimiento y empiezo a temer que haya muerto de un infarto a causa del pollo frito. Cuelo el ojo por un pequeño espacio entre las cortinas; atrás guindo dos siluetas. Me apretujo contra el cristal, veo dos personas abrazadas, besándose, enmarañadas en un complot de placer contra todo espectador. El le lame los pechos con ternura, ella le acaricia el pelo mientras resopla como una locomotora. Él la enchufa sin quitarle la falda, ella lanza un gemido que me golpea en la cara. Él sigue besando sus pechos, los muerde, está a punto de arrancarlos; ella le arranca un trozo de pelo y se frota las piernas. Al parecer el contacto con aquel mechón la sobre excita.
Como no conseguí darle foco a la cámara me resigné a recordarlos ya sólo en mi casa. Rasgué las fotos y las quemé junto a la bitácora. Rompí la cámara contra el suelo. Vendí todos mis muebles, mi ropa y mis libros. Me compre un crucifijo de plata labrado con experticia por algún monje europeo y lo colgué en la pared de mi cuarto. Todos los días, a la misma hora, me arrodillo e imploro con la esperanza de quedarme calvo.

Amnecia

Mensajeras silenciosas
una a una
marchando suavemente.
Silencio y amencia que no atino a apreciar.

Una sonrisa corta

Un hombre parpadea. Cierra los ojos. No puede abrirlos. Lo consigue. Sonríe.

Ser y culpar

Junto al verbo ser se gesta la culpa, uno de sus hermanos indeseados. Tras ellos, absurdeses, rencores, frustración, sentimientos de culpa mezclados con impotencia. Sin reparos, ni persona, dado que somos nosotros mismos los culpables y los inquisidores, el dedo que señala nuestro reflejo en el espejo no es otro que nuestra inmanente posibilidad de ser y el recuerdo incólume de nuestra incompetencia. El verbo ser es complicado, porque existir requiere de mil arandelas. -Justificarse para actuar,actuar para vivir, vivir porque se supone que es lo que hace la gente normal.
Actos de subsistencia en los que muchas veces el dolor, la incomodidad o la incertidumbre acompasan el salir y el entrar del sol.

Los tres jóvenes se instalaron bajo una ventana, la del segundo piso dele edificio de cinco plantas y enarbolaron la botella de ron antes de abrirla. La excitación del viaje le dio paso a la ebriedad, ahora si, la ebriedad...
En las últimas horas no he podido puntillar ni un sólo párrafo afortunado. Muchas ideas de poca ejecución. Todo vuela en bríos de tormenta. Pero como nubes lejanas es más que pantomima. Es gris desanimo de imposibilidades. Sólo queda la su-realidad cuando en la propia no hay puntos ni comas.