miércoles, 26 de enero de 2011

E

Las primeras palabras que cruzaron estuvieron enmarcadas entre interrogantes, tímidos y discretos. Ella, escurriendo una camiseta, tendiéndola al sol, le pidió con gesto servil, pero gentil, que quitase sus pies de piedra del lugar donde se secaría la prenda bajo el azul implacable de aquel miércoles interminable. Él lo hizo, él sonrió. Ella lo miró fijamente buscándolo en sus recuerdos. abiertos los ojos y con la boca preparada, en el momento justo en el que el recuerdo la aflija y el nombre de Él los rencontraría efusivamente, Uriel se levantó esgrimiendo un mapa. Mató el recuerdo.

1 comentario:

  1. Cuando nos sacan de nuestras ensoñaciones, cuando acaban con nuestros recuerdos, cuando nos despiertan de un maravilloso sueño... oh, qué horrible es. Qué horrible realidad. Pero en ésta se dan los mejores momentos, aquellos que de verdad existen.

    Un abrazo, Pablo.

    V

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