Llovía... Erato esperaba pacientemente en la ventada del segundo piso, aquella que da a la carretera empedrada que conecta esa casa olvidad con el pueblo decadente. Esa noche llovía más que nunca, el rostro de Erato diluviaba a la par, con una pena en el alma que le arrancaba sollozos. No era más que soledad lo que empujaba las lágrimas fuera de su corazón y las miraba caer, gustoso, como un niño sádico y cruel.
cesó de llover, el rostro de ella seguía anegado, la angustia bajaba en picada por toda su faz. EL agua se fue, pero Él aun no llegaba. Erato se convirtió en una persona conforme y eso la hizo tumbarse en al cama llorando hasta quedarse dormida.
Que triste =(
ResponderEliminarY estoy encantada de que me "molestes" :)