martes, 22 de febrero de 2011

Epistola perdida

De Él
Para: Ella

Esto de escribir no es tan ingrato como parece desde el otro lado del libro. He estado mandándote algunos folios con mis divagaciones, los sentimientos más recurrentes, pero, según creo, tan primorosamente expresados como puedo hacerlo. Uno que otro personaje, para que ambos, con luna o con vino, sin luna y con vino, con luna y sin vino o contigo y nada más, le demos vida y los pongamos a andar una vez más.
Mujer, no nos perdamos; nuestras siluetas, tan bien conocidas por nosotros, son lo mejor que tenemos. No quiero tampoco vivir de recuerdos, eso es de viejos que la luna y el vino les saben amargo.
Quiero que queramos, vino, luna... no sé, querer, así no sea bien querido, pero en el fondo mil veces estimado. Disfrutar. Sabe bien que quiero quererla, con o sin vino, con o sin luna.


Él

sábado, 19 de febrero de 2011

Ultimo. 2.0


Los grillos comenzaban a cantar y ellos a sonreír, presas de una complicidad sublime.

En sus ojos, en los cuatro, fijos, serenos, lágrimas de sinceridad y estima manaban para recorrer los suaves caminos del rostro jovial y caer en las palmas amorosas de aquel que limpia el rostro anegado de quien más estima. Ambos, abrazados con fuerza, imaginaban las horas ajenas aquel parque, el futuro inminente lejos de ella, de la persona de brazos cálidos. Se imaginaban solos, para disfrutar de la compañía que en ese momento de luces de farol tenían. Imaginando, para recordar la sensación de que la distancia era una burla y de que ellos nunca se disolverían.

miércoles, 26 de enero de 2011

E

Las primeras palabras que cruzaron estuvieron enmarcadas entre interrogantes, tímidos y discretos. Ella, escurriendo una camiseta, tendiéndola al sol, le pidió con gesto servil, pero gentil, que quitase sus pies de piedra del lugar donde se secaría la prenda bajo el azul implacable de aquel miércoles interminable. Él lo hizo, él sonrió. Ella lo miró fijamente buscándolo en sus recuerdos. abiertos los ojos y con la boca preparada, en el momento justo en el que el recuerdo la aflija y el nombre de Él los rencontraría efusivamente, Uriel se levantó esgrimiendo un mapa. Mató el recuerdo.

domingo, 23 de enero de 2011

P

No se conocían ninguno de los dos, pero Él no puedo contener una sensación de familiaridad en esos ojos de miel tostada.

lunes, 10 de enero de 2011

Último

Él y Ella, sentados en el pasto, a penas iluminados por un farol de parque, flanqueados por la luna y ambientados por el susurro del viento se miraban a los ojos.

- Por todo lo bello te pido que no te quedes. Todo pasa, todo va y viene, en frenesí.

- Pero...- Refutó Ella con estrépito antes de que Él le cerrara la boca con un delicado dedo.

- Lo que se estanca se pudre, así como el agua es lo bello.

Los grillos comenzaron a cantar y ambos a sonreír.

miércoles, 5 de enero de 2011

Antes de 2 y no es 1

Me levanté de súbito de la cama, porque tenía que. No hacerlo era irreal, trasgresor y absurdo. Así que, para contentar al mundo que me ignora, me levanté una vez más de mi lecho de plomo e hice pies de viento. Hasta el baño, bajo el agua, las partes inequívocas e irremplazables de mi humanidad que todos se molestan en ocultar de mis ojos. Casi con el mismo fervor, casi con el mismo horror represado se encargan de mantener las mías lejos de los suyos.

Ese día, ya con ropa, me desperté de un transe inducido por la rutina. Me había aseado como dicta la costumbre con el mismo semblante que me acompañó durante ocho horas mal contadas de sueño. Estaba despierto, si, pero no vivo. Sonreí.

En la calle, alfombrado de pestilencia, de miedo y esperanza, el panorama no era más alentador que el que había marcado las primeras horas de mi mañana. Pues en esas personas que se supone acompañan mi estadía en la ciudad no muestran mejor careta que la que tengo yo en el bolsillo. Y no les creo, pues juego a lo que juegan; se jugar y se ganar.

martes, 4 de enero de 2011

Pi

Lo que quiero es quererla

Quisiera observarla muda en un rincón olvidado y creo que la he visto una o dos veces, en esa esquina pérdida, ignorada por el mundo, el polvo y el llanto. Me gustaría, más que un bocado de vida, encontrarla sentada pura y silente, en esa esquina entapetada que escapa de las amarguras, y creo, con una mano en el pecho, que somos vecinos irremediables. Quisiera, y con sinceridad de la buena, que mis letras, mi índice, o la punta de mi nariz, tocaran una de sus orejas y le dijeran, sin prisa, que la quiero.

Porque Lo que quiero es quererla… Y creo que lo hago.


PJJ




Él sostuvo ante sus ojos por unos segundos más, el pequeño pedaso de papel que recogió del suelo manchado de letras. Lo releyó intentando aprehender al menos una frase para esgrimirla en alguna ocasión.