domingo, 30 de octubre de 2011

Punto y coma

Laura ama a Jorge, Daniel a María; ni Jorge conoce a María ni ella lo distingue a él, pero ambos odian su ciudad natal y no han podido huir; Ramón es policía desde hace más de 15 años; Santiago quiere suicidarse por motivos inexplicables; Juan yace muerto sobre la banca de un parque, con las risas de los niños divirtiéndose en los juegos como telón de fondo; Luis a penas si respira, no ama nada y poco le importa.
Todos menos Juan están vivos. Todos existen. A la urbe no le importa. Está compuesta por seres menesterosos, hechos de pulsos y suspiros. Sin más esperanza que la de encontrar su destino cruzando la calle.

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