Creo que tengo mucho de quimera. Mi personalidad, mi psique y la composición de mi cuerpo son una conjugación entre una rana platanera y un volumen de "platero y yo", aderezado con algo de mono aullador. Pero más que nada tengo gustos de polilla. Lo creo porque amo caminar mirando las farolas. Las luces de la avenida, las del parque, más que el pasto o la carretera me atraen, con sus amarillos cansados, siempre a punto de extinguirse. Me recuerdan a esos celadores tristes de voces trémulas que guardan el sueño de personajes que los ignoran, patéticos, siempre al filo del sueño premeditado. Mientras afuera uno intenta no caer dormido, otro, tranquilo y con dinero no puede pegar el ojo.
Vaya asco de mundo.
Tengo gustos de polilla, lo sé, porque siempre me choco contra bombillos que no dan calor para mí. Me quemo.
A mí también me encantan las farolas, siento que tienen algo de mágico o de antiguo, no sé. Creo que es culpa de las películas...
ResponderEliminarUn abrazo:
V
P.D. ¡Gracias por hacerme un huequito en tu revista, todo un honor para mí!