lunes, 21 de junio de 2010

Sors, Insensatos y afortunados


El huso se a prestado sin rechistar como colaborador de su blog hermano, así podré subir a la par de las escenas de la obra de títeres (algo hilarante por demás) la explicación de algunos términos o la intención de determinados personajes. Así pues, en la escena 2 del acto uno, se entrometen tres términos que sin duda dejan sin sabor en los lectores, he aquí una ligera explicación de su significado en la historia.
En primera medida esta la voz latina "Sors". Era casi irresistible no poner alguna palabra en latín a lo largo de la historia, mi gusto por la lengua del lacio no es un secreto para nadie. Esta corta y enigmática palabra significa "destino". Si alguna vez se han aventurado a leer la letra de "Carmina Burana" encontraran esta palabra un par de veces, de hay que en mi historia la voluntad del Sors sea tan ambivalente y caprichosa.
Los otros dos términos los he inventado sin miramientos de ninguna clase, fue lo primero que se me ocurrió para titular ambos conceptos. Así pues, los insensatos no son más que conformistas, personas obligadas a estar de acuerdo para emular un sentimiento de felicidad. Los afortunados no tienen más suerte que ellos, pero si se sienten como tal; viven una vida según sus deseos y responsabilidades, sin tener que resignarse a nada. Ambos términos inventados de forma arbitraria por mí para explicar de forma más simple lo que siento y quiero expresar en la obra.
Esto es groso modo su significado. otras dudas como "¿de que forma se pone de pie un títere? " o quizá "¿cómo se acuesta un títere en la calle?" son duda que usted como lector debe formularse y responder a su gusto. Las marionetas pueden tener miles de formas y, como ustedes notaran no he descrito ninguna de las mías. Así que querido lector, respondeme tú esas preguntas, sinceramente no tengo idea.


Link a la escena 2

miércoles, 16 de junio de 2010

"Escribiendo por escribir"

Este pequeño prologo antecede las memorias de Uriel...


Escribiendo por escribir...

Aquí muero yo, en estas lineas donde solo late la tinta. Aquí termina mi aliento y se perpetua la idea. En estas páginas que el tiempo sabrá corromper, queda la memoria de una vida cuyo fin es paralelo a los demás. Faltan horas para terminar de consignar "toda una vida" en un volumen y se necesita aun más motivación para leer un libro que contenga historias que alguien más vivió. Sólo me queda rogar para que mi pluma sea lo suficientemente diestra y mi ingenio el necesario para captar al lector y no morir en el olvido. Una vez más lo repito, aquí muero yo.
En realidad, los folios que preceden estos garabatos constituyen las vivencias compiladas por al rededor de dos años, los cuales pasé en un pueblo desconocido en el que no me gustaría haber nacido y en el que me niego a morir. Por eso, terminando por el principio este diario sin final, dejo definitivamente el pueblo que me cerró los brazos. Escupido en la cara me marcho, quizá, para regresar sólo por casualidad.
En este diario me acostumbré a escribir sin razón alguna, tan solo con la intención de no perder la costumbre. estas lineas dan muestra de la época de mi vida en la que me dediqué a escribir por escribir y a vivir sólo por vivir...
Que queden todos los prejuicios afuera antes de leer esta historia o de lo contrario que la misma arda en las llamas.

Uriel

viernes, 11 de junio de 2010

Un fragmento del alma de Mefisto

El dolor, la ira y el placer mal ávido, todos estos y muchos mas son los perfiles que reúne la maquiavelista imagen de Mefisto. Radiografiando su alma, tan solo puedo encontrar villanías y vituperios. Su verdadera esencia es ir en una extrema contracorriente, sin importar nada más. La piedad es su peor enemigo e irónicamente su debilidad. Ya que, muy dentro de su fuero interior aun queda humanidad, enmohecida, pero latente.

jueves, 3 de junio de 2010

Ausencia y conformidad

Llovía... Erato esperaba pacientemente en la ventada del segundo piso, aquella que da a la carretera empedrada que conecta esa casa olvidad con el pueblo decadente. Esa noche llovía más que nunca, el rostro de Erato diluviaba a la par, con una pena en el alma que le arrancaba sollozos. No era más que soledad lo que empujaba las lágrimas fuera de su corazón y las miraba caer, gustoso, como un niño sádico y cruel.
cesó de llover, el rostro de ella seguía anegado, la angustia bajaba en picada por toda su faz. EL agua se fue, pero Él aun no llegaba. Erato se convirtió en una persona conforme y eso la hizo tumbarse en al cama llorando hasta quedarse dormida.