martes, 27 de abril de 2010

La playa del silencio


Descubrí una mañana, ante una pregunta evidentemente retórica, una respuesta que no esperaba. Subía la cuesta, la falda que lleva hasta la universidad, perdido aun en los pensamientos que monopolizan mi cabeza durante el viaje en bus desde mi casa hasta aquel lugar al que finalmente llegaba.
De pronto, en un choque de inspiración inducida por la nada, me pregunté que es lo que me motiva a escribir. Inmediatamente pensé en Ella, mas un "pero" quedó en mis labios, esos mismos labios que no pronunciaban palabra desde hacia ya media hora. Así pues, repensé la pregunta, mejor aún considere mi respuesta, cavilé un poco al respectó y concluí: Realmente no le escribo a Ella o no escribo para Ella, tan sólo le escribo a su ausencia, un vacío que me es más cercano y familiar. Mis letras soy yo en tus manos, tu recuerdo eres tú en mi mente, a falta de ti hay letras.
Así que, la catártica necesidad de quitarme el sinsabor de su ausencia, es el que me hace escribir mil letras sobre la arena de la playa del silencio.

domingo, 25 de abril de 2010

Susurrando ando


Susurrando un te quiero Pablo te vio partir. Se preguntó dos segundos después el porqué no te lo dijo al oído. Mirando al cielo vio las horas pasar, reflejadas en las nubes rechonchas de lluvias venideras. Él se levantó del banco y miró la esquina por la que te escurriste hacia ya 10 minutos. Eran diez minutos mal contados, Pablo lo sabía. Aquella era una de tantas cosas que hacia negligentemente mal. No obstante le quedaba la certidumbre de que él conocía la forma perfecta de esperar, de correr, de seguir, de encontrar, de abrazar, de mirar a los ojos, de besar tiernamente y de susurrar al oído las palabras que saboreaba en medio de su arrepentimiento.
Susurrando un te quiero Pablo decidió correr. Se preguntó dos segundos después, en medio de su carera, el porqué de sus susurro al viento. Mirandote vio las horas pasar, de pie frente a tu figura, como dibujada de forma grácil sobre una pared cualquiera, mirando fijamente a los ojos de Pablo sin siquiera moverte, abstraída. Él te abrazó con fuerza, sin titubeos, como si todos esos minutos que pasó imaginando la escena le sirviesen de practica para no errar en el acto. Así, Susurrando un te quiero Pablo te dejó de abrazar y tú le sonreíste.

martes, 13 de abril de 2010

Detrás de la nada


Me doy cuenta que eres detrás de la nada, más bella que siempre, con incrustaciones de sonrisas y lluvia vespertina.
Me doy cuenta que eres detrás de la nada, quisiera echarme para atrás y saltar a ese vació que separa nuestros ojos.
Es tarde, tú quizá ya duermes, soñando bellas mañanas y bosques que se pierden entre si.
Espero me veas con los ojos cerrados, en las horas de la vida en las que no eres más que tú y la almohada. El rincón de la vida donde nadie puede acompañarnos, tan cercano a la muerte.
Me doy cuenta que te amo más sin tenerte y paso a paso me convenzo más. Cuando te abrazo soy detrás de la nada.


sábado, 10 de abril de 2010

Carlo Rivete mirando por la ventana

Recordé, mirando al tercer cactus de izquierda a derecha, que vivir, es el recuerdo constante de nuestra muerte. Básicamente vivimos para no morirnos de pronto.

sábado, 3 de abril de 2010

Vita per meo ars scibendi


Soy uno de los pocos defenzores de los cuartos desordenados. Para mí, son muestra de vitalidad, en una esquina que de otra forma estaría olvidada para el resto del mundo. Actúa en consecuencia, cuidando de manejar un orden minimo del retaso de hogar que me corresponde, eso sólo para evitar problemas con la dueña de la casa, mea mater. Ahora que veo mi blog y esta actitud magnificada en un puñado de letras entelarañadas, temo que tendré que estirar, colgar y tendré las páginas interminables de este portal web para quitarle el olor a muladar.
Espero darle vida, más vida aun, al poco arte de escribir que he podido cultivar en estos años de transhumancia terráquea, quiero vita per meo ars scibendi.