domingo, 1 de noviembre de 2015

Un saludo, cuando paso por allí

Te abandoné así como me desentiendo de todo lo que toco. Solo días de devoción sumidos en fechas difíciles de recordar.  Releo y no encuentro más que letras rezumando nostalgia. Ridículos suspiros de desencanto por el futuro incontrovertiblemente feliz. Y me encuentro una vez más escribiéndote, a ti, a la nada, a mi lado invisible. Me descubro consignandome a pedazos, a carácter limpio, con pequeñas mosquitas negras, tan negras como el #oooooo.

Me encantaría tanto poder amarme como antes. Me desespera saber que me he perdido, que me he desencantado, que me he traicionado en un juego insospechado de vanidad y falsa madurez. No confió en mí, de la misma forma en la que me abandonó todo deseo de darme ánimo. Mi estandarte es la resignación. Y te re descubro, aquello que me ha hecho inmensamente feliz, una tecla a la vez. Te escribo por todas las veces que te he ignorado, por remplazare, por volver a ti con tanto descaro. Porque mientras el servidor te mantenga con vida, querido blog, estaremos juntos. Esa basura que hemos imbuido en el ciber espacio la hemos generado juntos. De eso no me olvido, de eso me jacto.