lunes, 31 de octubre de 2011

Farolas

Creo que tengo mucho de quimera. Mi personalidad, mi psique y la composición de mi cuerpo son una conjugación entre una rana platanera y un volumen de "platero y yo", aderezado con algo de mono aullador. Pero más que nada tengo gustos de polilla. Lo creo porque amo caminar mirando las farolas. Las luces de la avenida, las del parque, más que el pasto o la carretera me atraen, con sus amarillos cansados, siempre a punto de extinguirse. Me recuerdan a esos celadores tristes de voces trémulas que guardan el sueño de personajes que los ignoran, patéticos, siempre al filo del sueño premeditado. Mientras afuera uno intenta no caer dormido, otro, tranquilo y con dinero no puede pegar el ojo.
Vaya asco de mundo.

Tengo gustos de polilla, lo sé, porque siempre me choco contra bombillos que no dan calor para mí. Me quemo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Punto y coma

Laura ama a Jorge, Daniel a María; ni Jorge conoce a María ni ella lo distingue a él, pero ambos odian su ciudad natal y no han podido huir; Ramón es policía desde hace más de 15 años; Santiago quiere suicidarse por motivos inexplicables; Juan yace muerto sobre la banca de un parque, con las risas de los niños divirtiéndose en los juegos como telón de fondo; Luis a penas si respira, no ama nada y poco le importa.
Todos menos Juan están vivos. Todos existen. A la urbe no le importa. Está compuesta por seres menesterosos, hechos de pulsos y suspiros. Sin más esperanza que la de encontrar su destino cruzando la calle.

martes, 4 de octubre de 2011

Sin incógnita

Seamos sinceros. Soy un pésimo lector y un peor cinefílo. Soy, no por ser, sino por existir, un charlatán afortunado de ardides automáticos. Escribir, pese a lo que pueda haberles dicho, no se me da bien; lo hago quizá porque no tengo más objeto para justificar mi existencia que la de consignar ideas. Soy y no por ser, sino por mi imposibilidad para no existir, un reclacitrante inmarcesible, un ser redundante, una manifestación bípeda y solida de la peor perogrullada, un eterno pleonasmo. ¿Quién soy al fin y al cabo? ¿una respuesta? Estoy lejos de responder con acierto a mis preguntas, pues nunca me formulé un interrogante que valiera la pena. Soy, quizá, para no ir más lejos, una resolución sin incógnita.

Días de diario

En días como hoy me salta la idea de empezar un diario clichesudo* en un cuaderno viejo y ajado. Pero en días como este la pereza ronda mi casa, usa la llave de dotación que le entregué en alguna ensoñación mal habida y me ataca, por la espalda. No me da tregua. Quizá por eso decida comenzarlo en linea, para así ahorrar tinta y papel. Mi caligrafía, todo hay que decirlo, deja mucho que desear, al igual que algunos de mis yerros ortográficos. La web es uno de esos grandes lugares donde evadir mis errores y potenciar mis virtudes.

Así que, con disimulo, comenzaré un diario aquí o en "tres puntos y aparte", blog abandonado por demás. Para ver en unos años como era el pasado, si mi forma de ver el mundo es la misma o si, por el contrario, estoy menos equivocado que ayer.


*Clichesudo, da adj.: lleno de clichés.